La fábrica de La Moncloa y el Mago de Oz

Este Gobierno de Sánchez tiene una cara que se la pisa, tan grande como el gigantesco aparato de propaganda que controlan a través de todas y cada una de las cadenas de televisiones nacionales y los medios escritos afines. Siendo La Sexta TV su lanzadera principal y el diario El País el guardián de las esencias políticas e ideológicas del ‘Sanchismo’ que se reducen al culto al líder por encima de todo y para que dure.

Para alimentar el ejército de lanzaderas mediáticas, en La Moncloa se ha instalado una gran redacción de escribas especialistas en las distintas materias y aleccionados con los mensajes de propaganda que hay que transmitir en cada momento, en discursos, declaraciones y notas para dar respuesta a posibles preguntas en ruedas de prensa, o en el Congreso de los Diputados.

Todo está atado y bien atado y así no hay margen para el error ni para la improvisación. Y si nos fijamos en cualquiera de las públicas declaraciones de los ministros del PSOE (los de Podemos van a su aire) ante los medios de Comunicación y la opinión pública enseguida veremos que todas ellas están escritas para ser leídas y mantienen la estricta unidad de mensaje político e ideológico.

Empezando por las largas e insufribles homilías que el presidente, Pedro Sánchez, lee los sábados en La Moncloa (a la hora del telediario para tener la máxima audiencia) cuando los españoles están confinados en sus casas.

Y lo mismo hacen los ministros Ábalos, Illa o, por ejemplo, la vicepresidenta Teresa Ribera -¿qué fue de Carnen Calvo?- que el pasado fin de semana compareció desde Moncloa y nos leyó un enorme panfleto de propaganda y de autobombo político, vacío de contenido y sin ningún interés.

Y todo ello planificado, escrito y leído como si los ministros no supieran hablar sin papeles ni conocieran las materias y las novedades de sus respectivos departamentos. Lo que nos lleva a la conclusión de que todo esto está teledirigido y no hay la menor espontaneidad y en consecuencia mucha propaganda y muy escasa, o nula, verdad.

Además si cotejamos los discursos de unos y otros ministros veremos que son muy parecidos e incluyen iguales elementos de la propaganda y frases, expresiones e incluso párrafos casi iguales. Por ejemplo, una constante es el continuo ataque a la oposición del PP para pedirle que apoye al Gobierno, que lo desprecia. y aparque sus diferencias políticas e ideológicas. Que fue lo que precisamente repitió ayer Ábalos, al amigo de la venezolana Delcy.

En La Moncloa se ha montado una fábrica de propaganda política como nunca habíamos visto en la Transición. Un aparato de poder mediático que funciona al unísono y de una manera centralizada y donde nada se deja fuera de control.

Lo que añadido a los poderes del ‘Estado de Alarma’, al confinamiento de la población y al Gobierno por decreto nos acerca a la idea de un régimen autoritario de poder en el que los contra poderes de cualquier sistema que sea democrático -Prensa, Justicia y Parlamento- han sido reducidos a la mínima expresión. Mientras el llamado ‘quinto poder’, el económico, está como nunca sometido el Ejecutivo sin autonomía ni capacidad de reacción.

Y a no perder de vista el espionaje -la Guardia Civil vigila a los críticos de la gestión del Gobierno- de las conversaciones y comunicaciones del que ya se habla con asiduidad y con la excusa de seguir el rastro a los contagiados de la epidemia.

Un ensayo del verdadero ‘Gran Hermano’ (1984) de George Orwell, lo que, sí abundamos en la ficción de este genio precursor, un día nos llevará a una oscura y tenebrosa aparición de Sánchez por la noche en todos los canales de televisión. Y retransmitida su voz en las emisoras de radio y por las calles y plazas del país por un ejército de drones dotados de potentes altavoces. Y entonces el ‘conductor’ del país, con su cara de palo (tenté tieso), y leyendo el último mensaje elaborado en la fábrica de La Moncloa nos hablará, con voz ronca, como si fuera el mismísimo mago de Oz, y dirá así: ‘españoles y españolas, soy Pedro Sánchez, vuestro amo, y como tal os digo y ordenó que...’