Dos médicos chinos negros

La vuelta al mundo han dado las imágenes de dos médicos chinos, Yi Fan y Yu Weifeng, que afectados por la epidemia del Covid-19 y tratados con cloroquina para combatir la enfermedad, han sufrido una notoria alteración en el color de su piel y se han convertido en negros.

Un cambio radical de la pigmentación de la piel por causa de implicaciones hepáticas que ha desconcertado a la sanidad china por este asombroso efecto colateral de la epidemia que podría repetirse en cualquier parte del mundo.

Imaginen que esto le hubiera ocurrido al primer ministro británico Boris Johnson, la que se habría organizado a nivel mundial. Y no digamos si algo así le ocurriera a otros destacados gobernantes del Planeta como Donald Trump (que seguramente va a empezar a llevar mascarilla) o a su amigo Vladimir Putin.

O en el continente europeo a estos apasionados enemigos de la inmigración que son Marine Le Pen, Matteo Salvini, Nigel Frage, o Santiago Abascal. A ver si esa milagrosa pigmentación blanquea sus pétreos corazones.

Esto del cambio de color de piel, que no parece que vaya a más, dado que los dos médicos chinos están recuperando su pigmentación natural, ha sido visualmente un golpe de atención de trascendencia internacional (se pensó en una Fake News) que en cierta manera avisa de las muchas cosas que van a cambiar en el mundo como consecuencia de la pandemia.

Al tiempo que nos recuerda que los efectos y las posibles mutaciones del virus y la enfermedad son aún un misterio de impredecibles consecuencias a la espera de la soñada vacuna que por ahora no llega. Aunque empiezan a divulgarse noticias esperanzadoras al respecto de tratamientos que ya están en fase experimental.

Los científicos de todo el mundo están inmersos en una frenética carrera contra el virus y el reloj en la que están puestas las esperanzas de millones de ciudadanos de todo el mundo, pero de la que todavía no se tienen las buenas noticias que todos necesitamos y que los más optimistas dicen que están al llegar.

Lo que tendría un impacto descomunal en el ámbito sanitario, y de una especial manera entre millones de enfermos, y en el ámbito económico y social que también sufre los efectos destructivos de la enfermedad.