El ángel exterminador

El confinamiento nos recuerda la sorprendente y surrealista película de Luis Buñuel, ‘El ángel exterminador,’ donde un amplio grupo de la alta burguesía se reúne, tras asistir a una representación en el Teatro de la Ópera, a cenar y participar en una fiesta privada organizada en una espléndida mansión.

El lugar donde, después de cenar, los sirvientes abandonan la casa por un extraño impulso y todos los invitados inician una gran fiesta de intrigas y amores. Hasta que empiezan a descubrir que, sin que nadie ni nada se lo impida, no pueden salir de dicha mansión. Y entonces los muy elegantes y educados invitados sacan a relucir lo peor de su verdadero carácter y su oculta identidad en pos de su supervivencia.

No estamos en esa situación, pero sí estamos confinados por decreto y el Gobierno se niega a encontrar fórmulas (que otros países practican, como hacer deportes en solitario) que nos permitan recobrar, aunque sea por un tiempo limitado, la plena libertad.

Y tenemos la impresión que, bajo esta lamentable situación, se esconde un oscuro y malvado regocijo de los autócratas de La Moncloa que abusan de su posición de poder absoluto. Lo que les permite deambular en el coche oficial al anochecer por las fantasmagóricas calles vacías de las principales ciudades de España, donde apenas se ven unos controles estáticos de las Fuerzas de Seguridad que saludan en posición de firmes a los misteriosos ocupantes del coche oficial.

Dicen que, dentro de unos días, van a dejar salir a los niños a dar una vuelta y luego a casa. Pero los jóvenes, lo más mayores y los abuelos seguirán en confinamiento hasta que el Gobierno levante el veto. O hasta que se monte una revuelta nacional y la gente salga en tropel a pasear, correr y saltar. Y, si los desamparados siguen sin cobrar, a asaltar comercios y panaderías como ya pasó en algunas localidades del Sur de Italia.

'No salgáis que es peor', dice la propaganda oficial en vez de buscar o de copiar las soluciones que se están adoptando en otros países de Europa y con éxito. Pero el autoritarismo y la incompetencia parecen ir de la mano en las altas esferas del Gobierno, y tampoco en la Oposición se escuchan unas fórmulas alternativas firmes y convincentes.

Aquí manda el discurso del miedo y la intencionada explicación, carente de verdad, del ‘pico, la curva, el descenso y las fases’, que el Ejecutivo maneja a su antojo subiendo y bajando las cifras de muertes y contagios gracias a su sistema arbitrario y cambiante de contabilizar a las víctimas.

Lo que nos ha convertido en el país con más fallecidos por el coronavirus del Planeta por número de habitantes. Y todavía el Gobierno presume del éxito de su gestión y a quienes discrepan se les manda a la Guardia Civil a minimizar la protesta en aras del optimismo oficial.