Sánchez controla las televisiones (Crónicas confinadas, 14)

La batalla contra el virus tiene cuatro frentes abiertos. El primero es el sanitario, el segundo el científico, el tercero el político y el cuarto el mediático.

Es en estos dos últimos, político y de los medios, donde el Gobierno de Pedro Sánchez está ganando la partida porque la Oposición va a remolque y no toma la iniciativa, y porque el Gobierno controla de manera implacable a todas las cadenas nacionales de la televisión.

Y en estos tiempos de confinamiento nacional las televisiones son, sin lugar a dudas, determinantes a la hora de imponer una línea informativa y editorial a favor del Gobierno y ocultando sus errores y la incapacidad de muchos de sus Ministros y altos cargos.

Y sobre todo a la hora de manejar como creíbles y exactas unas cifras sobre la situación de la epidemia en España que no coinciden con la realidad y que el Ejecutivo maneja a placer. Y las va modulando al ritmo que le conviene sin que los medios independientes impresos y de internet tengan la oportunidad de contrastar esos datos con fuentes de absoluta confianza.

En su estrategia de propaganda La Sexta TV del Grupo Atresmedia es la que marca el ritmo informativo gubernamental y de cerca le sigue TVE, mientras Antena 3 TV (algo más distante) y Telecinco y La Cuatro van a remolque de los dictados de La Moncloa.

Y a no perder de vista las escandalosas ruedas de prensa de los portavoces gubernamentales sobre la marcha de la epidemia y las del propio presidente Sánchez, cuyo secretario de Estado de Comunicación, el polémico Oliver, se ha convertido en el filtro protector de Sánchez vetando aquellas preguntas telemáticas que consideran inoportunas o impertinentes.

Lo que ya ha provocado la protesta y retirada de esas ruedas de prensa de numerosos diarios impresos y diarios digitales ante la burda y descarada manipulación gubernamental del tal Oliver.

Al fondo de todo ello está la crisis económica que está causando estragos en la cuenta de resultados y los negocios de los grandes grupos editoriales y de comunicación que además se están acogiendo a los ERTES y a la vez pidiendo ayudas especiales al Gobierno.

Lo que condiciona sus líneas informativa y editorial y acaba poniendo los grandes medios al directo servicio del poder. Es lo que en los conflictos convencionales se suelen llamar daños colaterales. Aunque por fortuna en estos tiempos que corren siempre nos quedará internet