José María Aznar tiene el control del PP (Crónicas confinadas, 10)

Vaya por delante de esta crónica, ahora que estamos dando las gracias al heroico personal sanitario que lucha contra el virus, decir que también hay que agradecer, como nos lo recuerda Nacho Aguilar, el trabajo encomiable que en estas difíciles circunstancias hacen ahora los veterinarios de España cuidando y curando nuestros animales.

Porque los animales, que saben y presienten lo que está pasando, además, y como decía San Francisco de Asís, también ‘son hijos de Dios y nuestros hermanos menores’. Y los que figuran en la categoría de las mascotas nos sacan de paseo y nos hacen mucha compañía como el astuto Merlín (hijo de Marcello) a su amiga Conchita, a la que adora y le envía un ¡guau! pero, eso sí, a cambio de una pelota de su jardín.

Pero vayamos al grano. A José María el exlíder libio El Gadafi le regaló un precioso caballo árabe que se llamaba ‘El Rayo del líder’. Pero Aznar no lo montó porque bastante tenía, cuando habitaba en La Moncloa, con sus dos Cocker de malas pulgas (Zico y Gufa) que les mordían los tobillos a ciertos invitados (a Torra le habría arrancado un pie) no queridos por el Presidente.

Pues bien, a Aznar el diario The New York Times le ha tirado de las orejas por haberse ido de Madrid a su segunda residencia de Marbella huyendo del coronavirus y buscando su hermoso jardín, para hacer ejercicio al aire libre. Igual que lo hace Pedro Sánchez en La Moncloa o Pablo Iglesias en su chalé de Galapagar del que no dice ni pío el NYT.

Aznar está en su derecho y se movió antes del ‘estado de alarma’. Y bueno es que esté en forma y al loro de lo que pasa porque vemos, en esta plena bacanal de errores y disparates del gobierno populista de Sánchez, que de alguna manera se va acercando la hora del PP (lo dicen algunas encuestas), y a pesar del PP.

Y ya nos contó un pajarito que Aznar y Felipe González hablan y se hacían cruces cuando mencionan a Pedro Sánchez, y desinfectan con agua bendita sus teléfonos móviles cuando hablan de Belcebú, es decir de Pablo Iglesias, y de sus pompas y sus planes: romper el Gobierno por la izquierda antes que el PSOE se caiga de bruces en los brazos del PP, y de que Sánchez se retire al monasterio de Santa María de El Paular a rezar y meditar sobre lo ocurrido.

Pero regresemos a Aznar, porque el de Valladolid tiene mucha ascendencia sobre Pablo Casado y puede ser una persona clave en la estrategia del PP ante el difícil momento español que tiene distintas variantes: no hacer nada y esperar a que se estrelle Sánchez; apoyar a Sánchez pero dándole algunos ‘pellizcos de monja’; denunciar a Sánchez con una montaraz oposición; y ofrecer a Sánchez una ‘gran coalición PSOE-PP’ para combatir la crisis con una amplia mayoría social y parlamentaria y enviar a Belcebú a los infiernos que es donde debería de estar.

Esta última opción parece la más sensata para el PP y también para España, pero mucho nos tememos que Aznar apuesta por la primera opción y sigue las enseñanzas del proverbio árabe de: ‘siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo’. Y a lo mejor Aznar tiene razón dado que Sánchez no se piensa mover.

O sea, paciencia y barajar a ver si llega la ola, subimos el pico, doblamos la curva, salimos del estancamiento y sale el sol por Antequera camino de la normalidad, que es lo que lleva semanas anunciando el Gobierno y que por el momento no se ve por ninguna parte ni sabemos cuándo llegará.