Del Gatopardo a los Cuatro Jinetes de la Apocalipsis (Crónicas confinadas, 7)

Ayer fue un día soleado y Marcello, como tiene su salvoconducto de perro y permiso de paseo, fue a darse una vuelta por el madrileño bulevar de Juan Bravo y a comprar el pan y rosquillas de Santa Clara en la Pastelería Pareli que administran unas encantadoras señoras. Y porque además, el muy pillo, tiene en esa zona a su amiga Chata, una bodeguera jerezana y gran dama a la que enviamos saludos y los mejores deseos.

Luce el sol en Madrid, pero por poco tiempo. Porque se anuncia una ola de frío polar, que es lo que nos faltaba dado que en ese entorno el virus crece y se expande como el ángel exterminador y con gran facilidad, completando en este tiempo de catástrofes simultáneas el galope de ‘Los cuatro jinetes de la Apocalipsis’ que noveló en su exilio bonaerense el gran Blasco Ibáñez.

Y que se ande con ojo la señora Merkel porque las muy recientes escenas de rebelión, hambre y asaltos de supermercados en el Sur de Italia, dan alas a esos corceles (la guerra, la peste, el hambre y el miedo) que años atrás destrozaron Europa. Y que pueden volver a cabalgar si las cosas continúan como van y con la nave española desarbolada y entrando -dicen que esta es la semana decisiva- en las aguas turbulentas del Cabo de Hornos.

Cuidado con el Sur de Italia que está pagando los graves errores del Norte contagiado, rico y contagiador del virus (allí lo llevaron de China los nuevos viajeros y mercaderes de la ruta de la seda), porque las chispas que se han encendido en Palermo son un aviso más serio que las escaramuzas de los tiempos del Gatopardo.

Cuidado, Ángela Merkel, con Italia y con España, porque te estás cargando la Unión Europea. Y porque si el Norte castiga y discrimina al Sur, los países del Sur bloquearán al UE -incluidas las negociaciones del Brexit- y entonces todos -Alemania y Holanda incluidas- nos iremos ¡al Carajo! Aquí o salimos todos ilesos y de la mano o caemos todos en el socavón.

Y lo mismo le decimos a Sánchez para que, de una puñetera vez, monte el gran Gobierno de ‘unidad nacional’ y saque al coleta y a su parienta de este Gobierno donde actúan con deslealtad y sólo al servicio de su propio interés político y personal y sin pegar un palo al agua. Porque no se los ve, en los hospitales y residencias de ancianos, que es donde deberían de estar.

Ahora a Sánchez, que acaba de imponer un bloqueo más extenso de la movilidad, no le llega la camisa al cuello y empieza a estar asustado con la que se nos viene encima y está al llegar: oleada de muertes (1.000 al día) y de contagios y desarbolada la Sanidad y sin medios para actuar. Y el país cerrado a cal y canto, mientras en la alta sierra europea se escuchan los cascos de los caballos de la Apocalipsis que ojalá no salgan a cabalgar.

Bastaba ver el viernes la dramática la soledad del Papa Francisco en La Plaza de San Pedro de El Vaticano para entender muy bien y con esa sola imagen lo que ocurre en el mundo y lo que todavía nos puede pasar.