Hay que comprar en China, y no en ‘los chinos’ (Crónicas confinadas, 5)

Menudo macabro negocio está haciendo el presidente chino Xi Jinping con la crisis del coranovirus que han exportado a Europa y medio mundo, a los que ahora les venden material sanitario de protección y pronto la vacuna, y mientras los enfermos en todo el mundo superaban ayer la cifra del medio millón de contagiados y de los 25.000 muertos.

Estando España, con Italia y USA, en el podio de los países infectados y siendo nuestro país el número uno en incapacidad política para dar una cumplida respuesta a esta crisis.

Porque, para más indignación y escarnio nacional, se ha sabido que el Gobierno de Pedro Sánchez ha comprado miles de ‘tests rápidos’ para detectar el virus que ahora no sirven y que el Ministerio (o mejor dicho el misterio) de Sanidad se los compró a una empresa china que, según la embajada de Pekín en Madrid, no tiene licencia.

O sea que el Gobierno de Sánchez ha comprado miles de test del virus en ‘los chinos’ -los populares bazares de ‘todo a un euro’- en vez de comprar en las empresas chinas autorizadas, por lo que les han engañado ‘como a un chino’, y ya tenemos otro ejemplo de la chapuza nacional.

Creíamos que con lo del obispo Ábalos (del Palmar) y la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, ya habíamos tocado techo en todo esto de las mentiras y la chapuza política pero ahora acabamos de batir un nuevo récord con la compra de los falsos ‘test rápidos’ que son tan rápidos que, visto y no visto, no sirven para nada.

A Nicolás Maduro el presidente Donald Trump, como en el lejano oeste, le ha puesto precio a su caza y captura, e imaginamos que vivo o muerto por 15 millones de dólares, lo que no deja de ser un disparate y anuncia discursos apocalípticos del presidente de Venezuela qué será teme lo peor, incluso entre sus pretorianos.

De Maduro son amigos ZP, de Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, el vicepresidente del Gobierno que está desaparecido de los escenarios de la crisis, los que sí visita el Rey, como son los hospitales y las residencias de ancianos y no Iglesias a pesar que su vicepresidencia se llama ‘de Asuntos Sociales’.

Sin embargo la que ha aparecido con energía, después de su contagio, es la ministra de Igualdad Irene Montero, la gran promotora y culpable directa de la manifestación feminista del 8 de marzo que infectó medio Madrid. Pero la compañera de Iglesias en vez de reconocer el error y de pedir perdón lo niega todo, y dice ser víctima de los ataques anti feministas de la extrema derecha (sic).

O sea, Pablo desaparecido, Irene furiosa y Pedro leyendo al atardecer Las tribulaciones de un chino en china’, un intrigante relato del magnífico Julio Verne, que además viene muy al caso de la crisis española del coronavirus como ustedes lo comprobarán si deciden leer esta espléndida novela que no se deben perder.