El vicepresidente de Galapagar (Crónicas confinadas, 1)

Ahora que había llegado a vicepresidente segundo del Gobierno de España Don Pablo Iglesias, que en el nombre lleva, para la desgracia del PSOE el recuerdo de su fundador. Y cuando a punto ya estaba el sabio hombrecito de escuálidas y cargadas espaldas (dirímase que chepa que la coleta tapa) de abrir la caja fuerte del CNI que, como el árbol de Alicia, era la puerta de entrada al país de las maravillas y las cloacas del poder, en ese momento irrumpió en España como un huracán el virus chino (como lo llama Trump para cabrear a Xi) y entonces el encanto se rompió como un espejo en un brusco despertar.

Por la agitada mente de Iglesias, torbellino en continua agitación, pasaban sin cesar los peores escenarios posibles y su hada madrina así le habló: ‘Adivina adivinanza ¿cuántas semanas o meses va a durar el Gobierno de coalición?’ Jorge Vestringe, que es su amigo y asesor, le quitó, como el Dante a los condenados, toda esperanza y espetó: ‘¡desengáñate Pablo!, este viaje se acabó y más vale que seas tu quien rompa y salga por la puerta zurda del Gobierno antes que Pedro te lance por la ventana del Consejo de Ministros minutos antes de anunciar la ‘Gran Coalición’ con el PP, que sin duda está al llegar.

En su despacho casi vacío, de la Vicepresidencia también vacía, paseaba Iglesias con las manos cruzadas en la espalda y dando grandes zancadas como Napoleón en la tienda imperial de campaña, antes de inicio de la batalla de Waterloo. ¿Qué hacer? Y musitaba en voz alta su zozobra e inquietud pasando de una cosa a la otra, del Gobierno a la vida familiar: ‘mira que le dije a Irene que, con los datos que teníamos de la epidemia, lo de la manifestación del día 8 era un disparate contagioso y monumental, pero ella, en guerra abierta con la vice Calvo, se empeñó y se contagió’.

En esas reflexiones estaba el líder cuando aparece su edecán, el general Julio Gutiérrez, el antiguo JEMAD de Zapatero, que quien lo ha visto con su uniforme condecorado en el Consejo de la OTAN y quien lo ve en pantalones vaqueros, camiseta negra, chaquetilla de medio pelo y con una gargantilla hippie de los tiempos de ‘haz el amor y no la guerra’ de Vietnam.

Y dice el general: ‘Vicepresidente, nuestros servicios de información han detectado un profundo malestar en el seno de partido por causa de tu silencio sobre el escándalo del Rey Emérito. Y dicen que hemos perdido la oportunidad de hacer Historia y lanzar a los cuatro vientos el Delenda est Monarchía de Ortega, caminando con paso firme y aires marciales hacia la III República Española.

Sabe Iglesias que la crisis, aunque transitoria, tira por tierra el programa económico y social de Podemos porque estamos en recesión y habrá que reconstruir el tejido empresarial para evitar la riada de parados. Y, en ese caso, ‘¿qué pintamos nosotros en el Gobierno?’ se dirá taciturno para sus adentros el Vicepresidente político de Galapagar. Un lugar privilegiado de la sierra madrileña donde habita y se entrena, con toreo de salón y soñando con su regreso a Nimes, el maestro José Tomás.

‘No hay mal que por bien no venga’ dice un acertado refrán aunque en este caso el precio es demasiado alto en vidas, empleo y enfermedad. Y frente a ello cosa pequeña parece la caída del Gobierno, por sus propios méritos, el fin de la coalición, la Mesa de Diálogo y esa Vicepresidencia que se esfuma por la gatera de una imposible ilusión que siempre fue ajena a la realidad.