Juan Carlos I, el cazador cazado 

La caza de los negocios opacos del rey emérito Juan Carlos I, que vienen de lejos y eran de muchos conocidos o sospechados, ha entrado en un tiempo de excitación periodística y procesal que ya veremos hasta dónde conduce y hasta dónde llega. Porque las dos Fundaciones detectadas del testaferro Orleans-Borbón no parecen ser, por la cuantía de sus fondos, las únicas piezas de esta caza mayor donde todavía pueden aparecer más y llamativas sorpresas.

La historia de los presuntos negocios y comisiones opacas del Rey Emérito viene de muy lejos y está marcada por un reguero de personajes del mundo económico y empresarial que han estado en el círculo íntimo de Juan Carlos I en los pasados años de la transición. Y muchos de ellos con condenas en los tribunales y pasados por prisión.

Entre otros conviene recordar a conocidos personajes como Ruíz Mateos, Prado, De la Rosa, Conde, los Albertos Cortina y Alcocer y Villar Mir, entre otros. Muchos de ellos protagonistas de presuntas connivencias ilegales con el Rey Emérito.

Y algunos, como los Albertos, ahora inmersos en un peculiar, y puede que en investigación, Banco Dakar, de Senegal, por donde deambulan notorios personajes españoles que han tenido o tienen problemas con la Justicia de nuestro país.

Y que aparecen ligados a las operaciones de las presuntas comisiones en beneficio de Juan Carlos I, en la fundación Zagatka y en la compañía del famoso personaje suizo Arturo Fasana -investigado también en la trama de Gürtel por sus amistades con Correa y Balín- y que hoy está en el ojo del huracán español y sin duda es ‘el hombre que sabía demasiado’ del gran entramado ‘suizo’ opaco y financiero español.

Los presidentes de los distintos gobiernos de la Transición, desde Felipe González hasta Pedro Sánchez, se supone que siempre han tenido -por distintas vías- informaciones sobre los negocios y los fondos opacos del Rey Emérito cuando presidía la Jefatura del Estado. Y, lamentablemente, no hicieron nada por impedirlo ni por frenarlo y menos aún por investigarlo, en aras de la defensa de la Institución monárquica.

Pero ahora el velo protector ha caído y las investigaciones periodísticas y las actuaciones de la Justicia se muestran imparables y dejarán ‘desnudo’ al Rey emérito y causarán daño y deterioro al prestigio de La Corona, donde afortunadamente ahora está el impecable rey Felipe VI quien ha puesto un firme cortafuegos frente a las responsabilidades de su padre, con la misma decisión que se lo puso a su hermana Cristina de Borbón y su cuñado Iñaki Urdagarín.

El experto cazador Juan Carlos I está ahora en el rol de cazado, o por cazar, y quienes siguen su rastro han empezado a atisbar pruebas documentales de la codiciada pieza y a buen seguro que no van a parar. Ni se van a quedar en estas dos fundaciones porque probablemente hay mucho más