El pánico del coronavirus en la economía

El IBEX 35 ha vuelto a sucumbir ante los riesgos económicos que incluye la epidemia del coronavirus y ha caído hasta posiciones de 2011, cuando en ese momento el mundo entero aún sufría el impacto de la crisis financiera internacional de 2008.

La Bolsa española perdió la marca de los 9.000 puntos, siendo el ámbito del turismo, los hoteles y el transporte los sectores más afectados. Y todo nos dice que la tendencia a la baja va a seguir en nuestro país si continúan apareciendo casos de más personas contagiadas que ayer superaban el número de veinte y una de ellas en estado muy grave en Madrid.

El primer riesgo directo para España está en el sector turístico como ya lo está de manera muy importante en Italia. También el sector industrial y de la producción de sus componentes en el ámbito textil y la automoción, muchos de ellos producidos en China, se está viendo muy dañado sobre todo en las grandes zonas europeas industriales del norte de Italia y Alemania.

La realidad sanitaria de esta crisis sigue siendo muy inferior al pánico que se expande y ello acarrea daños económicos muy importantes. Como los que por ejemplo están sufriendo las compañías aéreas de todo el Planeta, con cancelaciones de vuelos en cascada e importantes pérdidas económicas.

También esta crisis, que ya suspendió el MWC de Barcelona, amenaza con suspender eventos empresariales y deportivos de todo orden (la Olimpiada de Tokio está en vilo), e incluso concentraciones religiosas como el cierre de la Meca ordenado por el Gobierno de Arabia Saudí.

Y si esto sigue así y creciendo ya veremos qué pasa con el fútbol en Europa y en España. O con las aglomeraciones de la Semana Santa, El Rocío y la Feria de Sevilla.

Estamos en el inicio de esta crisis y, aunque desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) y desde los distintos gobierno nacionales se pide calma y prudencia, el contagio psicológico y económico va mucho más deprisa que el de la enfermedad.

Y provocando un efecto dominó que no sabemos hasta dónde puede llegar (lo que por otra parte da oportunidades a los especuladores) y si va a acabar provocando la temida recesión mundial que algunos expertos han venido presagiando, antes incluso de que se extendiera la crisis del virus chino.

Por todo ello hace falta mucho más de la OMS y de los Gobiernos que pedir calma. Sobre todo porque los contagios del virus, además de personales, son esporádicos e incomprensibles y ello tiene desconcertadas a las autoridades sanitarias. Y porque las muy esperadas vacunas están tardando demasiado en llegar y esa sí que es una mala noticia en este tiempo de alta tecnología en el que, por el momento, nadie ha logrado dar en la tecla que permita poner coto y fin a esta enfermedad.