Las máscaras y las mascarillas 

La suspensión del fastuoso Carnaval de Venecia por la crisis del virus chino (la última versión de ‘coronavirus’) que ya ha causado tres muertos en la Lombardía italiana y más de 150 casos de un contagio, que el Gobierno de Roma no sabe cómo explicar, ha dado una voz de alarma más.

Y no será la última, sobre el riesgo de que esta enfermedad se convierta en una epidemia que salta los controles y las fronteras con suma y misteriosa facilidad. Y que, según los italianos, se podría transmitir sin que el agente o la persona transmisora del virus esté contagiado.

Lo que de ser cierto nos situaría ante un nuevo modelo de contagio que no es detectable, lo que causaría gran sorpresa y estupor en las autoridades sanitarias de todo el Planeta. ¿Cómo llegó el virus a Italia, quién lo llevó y quién contagió a las dos personas muertas y al resto de afectados? Las respuestas a estas interrogantes son ahora del máximo interés.

La mezcla de las máscaras del Carnaval de Venecia con las mascarillas de los viandantes disfrazados y emboscados carnavalesvos constituye una imagen que habla por sí sola de esa mezcla hoy imparable del miedo y la sonrisa de quienes se resisten a renegar del carnaval y a la vez temen el contagio.

El motivo último, al que se añadió el coste de la aseguradoras, por el que se canceló el Mobile World Congress de Barcelona hace apenas unos días. Un temor que ahora amenaza la Olimpiada de Japón y a toda clase de eventos culturales, políticos, económicos y deportivos en los que están convocados miles de personas.

Vamos a ver cómo discurren los últimos acontecimientos pero está claro que la crisis del coranovirus va a peor y aunque en España parece que en este momento estamos libres de contagio, el Gobierno de Pedro Sánchez debe de tomar todas las medidas preventivas posibles ante toda eventualidad, porque visto lo que está ocurriendo en otros países nada se debe descartar.