La alfombra roja de los rojos y violentos de Hollywood

Los Óscar son la ceremonia de la izquierda más famosa del cine americano, la que desfila ataviada con los vestidos y trajes más espectaculares y caros del mundo y joyas exuberantes (privadas o prestadas) para que el público del Planeta vea a sus héroes de Hollywood como auténticos Reyes, Reinas, Príncipes y Princesas, los amos del Glamour.

Después, ocurre habitualmente en el Teatro Dolby de Los Ángeles, los triunfadores de la noche leen sus papelitos de dedicatorias familiares y lanzarán sus mensajes izquierdistas, feministas, LGTBI, climáticos y anti Trump.

Y cuando termina la ceremonia y las fiestas posteriores, como en el cuento de la Cenicienta, las largas limusinas se convertirán en calabazas y todos los asistentes regresarán a los vaqueros y las zapatillas, a la espera de un guión que les ofrezca una nueva oportunidad para volver a desfilar.

La fábrica de sueños de la gran pantalla ya no es lo que era ni lo volverá a ser. La muerte de Kirk Douglas ha cerrado la saga del ‘Ocaso de los Dioses’ y además las nuevas productoras tecnológicas de Netflix, Amazon, Google y otras, empiezan a destronar a Hollywood y puede que pronto nos ofrezcan unos premios del cine global y mundial, donde estén representados todas las sensibilidades y tendencias del mundo entero.

De momento, las series de éxito se han convertido en una exitosa novedad que resta muchos espectadores al cine tradicional, llamado a desaparecer aunque se resiste como gato panza arriba, como se resisten a desaparecer los diarios de papel. Pero ambos se reducirán a corto plazo a los fines de semana.

Sin embargo y para ser todas las estrellas de Hollywood tan de izquierdas no deja de sorprender que la violencia sea la temática reina en esta fábrica que, finalmente, es más de terror que de sueños. Y que no cesa de dar muy buenas ideas a los delincuentes de todo el mundo y a los jóvenes y nuevas generaciones. Los que empiezan su curso de violencia con los tremendos videojuegos de los llamados deportes electrónicos.

Miren las películas y primeros actores nominados para los Oscar de 2020, todas ellas marcadas por la máxima violencia: Joker, 1917, El Irlandés, y Érase una vez… En Hollywood. Esta última es la película del director Quentin Tarantino, en cuya fama se incluyen ríos gratuitos de sangre que además causan mucha risa.

Es verdad que también aparecen en Hollywood historias sencillas, tiernas, románticas y muy bien contadas por directores y actores magistrales en pequeños y grandes papeles que escritas están con letras de oro en la Historia del cine.

Pero la hipocresía del Glamour de Hollywood y el canto habitual y general a la violencia, con su epílogo natural de la venganza (‘Sin perdón’) de muchas de las películas, se convierten en un nefasto decorado que quita realismo y credibilidad y rebaja el nivel del buen cine de antaño, de las grandes super producciones (Espartaco) e historias contadas en blanco y negro que nunca volverán ni se olvidarán.