Almodóvar vence pero Amenábar convence

La película autobiográfica y sentimental de Pedro Almodóvar ‘Dolor y Gloria’ resultó, como se esperaba, la triunfadora en la noche de los Goya, lo que la relanza cuando estamos en la antesala de los Oscar de Hollywood, donde el director manchego vuelve a competir con ‘Dolor y Gloria como película que está nominada al mejor film internacional.

El triunfo de Almodóvar sobre Alejandro Amenábar y su excelente película ‘Mientras dure la guerra’ viene dado, o ayudado, por la gran influencia del ‘clan Almodóvar’ entre los miembros de la Academia del Cine español y su importante aparato de marketing y de propaganda.

El que seguramente Pedro Almodóvar espera reforzar con más ayudas públicas de las que ya recibe, porque así se lo pidió ‘para el cine de autor’, (no para el conjunto del cine español) muy en particular, sin pudor y, en vivo y directo, Almodóvar al presidente del Gobierno Pedro Sánchez que asistía a la gala.

Amenábar es una persona más modesta y menos mediática pero es un gran creador (incluso buen compositor musical) y excelente director. Y esta vez su película ha sido superior a la película de Almodóvar, porque Pedro hizo un autorretrato íntimo y personal (otra vez más a vueltas con sus fantasmas) mientras Alejandro hacía buen cine y de una mejor calidad.

Y además con un mensaje muy importante y de plena actualidad en esta España dividida y enfrentada en que vivimos, como es el mensaje que transmite el último discurso de Miguel de Unamuno (muy bien interpretado por Karra Elejalde) en su Universidad de Salamanca sobre la España cainita y los españoles enfrentados entre sí a lo largo y ancho de nuestra Historia.

Por todo ello y, tomando las palabras con las que Unamuno respondió al general Millán Astray, podemos decir que en esta 34 edición de los Goya Almodóvar vence y Amenábar convence.

El que no convenció en esta ocasión -ni en anteriores- fue el presentador de la gala Andreu Buenafuente porque él, su parienta y sus guionistas tienen la gracia donde las avispas.

Y porque la ceremonia en su conjunto fue, como siempre, demasiado larga, y bastante anodina. Y la alfombra roja con demasiados metros y su habitual desfile de modelos de medio pelo y empalagosas entrevistas.

Es verdad que en 2019 se han producido en España muchas y buenas películas y que es, precisamente por ello, por lo que ha mejorado el taquillaje en las salas de cine y se han recogido premios importantes en Cannes y Venecia y tenemos tres nominaciones a los Oscar. Pero en esta ocasión la película y el director que, en nuestra opinión, convencieron y merecieron los máximos galardones fueron ‘Mientras la guerra dure’ y Alejandro Amenábar. Todo lo demás está bien pero no perdurará.

Lo que sí durará mucho tiempo en la memoria de muchos españoles es el recuerdo de Pepa Flores, Marisol, que fue con su Goya de honor la ausente – el Goya lo recogieron sus tres hijas- y a la vez la presente en el momento más emotivo de la Gala.

Un premio bien merecido de una gala de los Goya que el próximo año se irá desde Máaga a Valencia en pos de un homenaje al gran Berlanga. El que sin duda debería ser el guionista y director de esa su próxima edición de la Gala de los Goya que bien merece una parodia y una profunda renovación.