Iglesias triunfa y llora de emoción

Si Pedro Sánchez ha sido y es el gran triunfador del debate y de la votación de la investidura que lo convierte en el Presidente del Gobierno de España el protagonismo y triunfo del que será vicepresidente del Gobierno de coalición Pablo Iglesias no es menor.

Y no solo por los escaños que aportó Podemos a la investidura sino porque Iglesias, que es el político más hábil del momento español y fue: artífice de la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy en junio de 2018; y de los actuales pactos del Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Además ha sido el nexo o eslabón definitivo que facilitó la abstención de ERC y Bildu en la votación de la investidura de Pedro Sánchez.

Atrás quedan los desencuentros entre Sánchez e Iglesias en los procesos de investiduras fallidas de marzo de 2016, y sobre todo de julio de 2019 cuando Sánchez perdió una clara oportunidad de investidura y de un Gobierno de coalición, sin Iglesias (que aceptó el veto de Sánchez con generosidad) en el Gabinete, y con ERC apoyando con su abstención sin condiciones previas.

Pero al final, y tras los malos resultados del Sánchez en los comicios del 10 de Noviembre, Iglesias impuso su Ley y Sánchez se rindió sin condiciones a sus demandas (vicepresidencia y cuatro ministerios con contenidos). Lo que impulsó y facilitó, con suma discreción y gran eficacia, las negociaciones del PSOE con ERC y Bildu, donde es muy posible que Iglesias haya intervenido hablando personalmente con Junqueras y Otegi.

El triunfo de Iglesias, que ayer lloraba de emoción y con razón, es mucho más notable que el de Sánchez si recordamos que el PSOE tiene 140 años de Historia y Podemos solo 5. En los que bajo el liderazgo de Iglesias logró un formidable ascenso político y electoral con sus altibajos (logró sumar 72 escaños en 2016 y cayó a 35 el pasado 10-N) y sus problemas internos en Podemos, especialmente con el grupo de su amigo del alma Íñigo Errejón.

Es cierto que el tirón mediático de Iglesias y su habilidad dialéctica durante los últimos debates electorales, que generalmente ganó, fueron en paralelo al proceso de su moderación política (Errejón tenía razón) en Podemos que, a partir de la semana próxima, empezará a vivir su verdadera prueba de fuego con la llegada de Pablo Iglesias y de sus ministros al ‘cielo del poder’, en el Gobierno de la nación.

Apenas nueve años separan a Iglesias de las convocatorias del 15-M de 2011 que asombraron al mundo y de cuyo seno emanó el partido político Podemos que, nada más nacer en 2014, obtuvo un excelente resultado electoral en los comicios europeos de ese mismo año donde lograron 5 escaños. Y a partir de ahí y con una compleja estructura territorial -la de sus confluencias y aliados- que es el talón de Aquiles de su organización, Pablo Iglesias cogió el timón de su partido y comenzó a navegar hacia el buen puerto al que acaba de arribar.

No estamos diciendo con todo esto que Iglesias sea un demócrata ni un apasionado de Europa ni de la Constitución Española porque nada de esto es así. Pero puede que ahora, al contacto con el poder -como se lo habrá explicado su amigo Alexis Tsipras-, se moderará y dejará de decir algo tan grave como que en España hay presos y exiliados políticos porque eso no es verdad, supone negar la democracia y el Estado de Derecho, y ello no lo puede afirmar el vicepresidente del Gobierno de la nación.

La carrera política de Iglesias ha sido fulgurante y exitosa pero si no mide bien sus pasos, sus decisiones, y no controla su locuacidad todo esto que acaba de conseguir con gran esfuerzo y entre lágrimas desaparecerá.