Sánchez no tiene sucesor

El talón de Aquiles, viga maestra o punto débil del nuevo proyecto político que para España acaba de improvisar Pedro Sánchez, empujado por Pablo Iglesias y Oriol Junqueras, reside en que Sánchez no tiene sucesor en el Gobierno ni en el PSOE.

De manera que en el caso de que Sánchez (en un acto de extrema lucidez) decidiera dimitir de sus cargos y desaparecer de la vida política -como hizo Albert Rivera- el castillo de naipes que han estado construyendo en secreto estos tres artistas se derrumbaría en cuestión de segundos porque Sánchez no tiene sucesor.

O ¿acaso alguien imagina a Carmen Calvo liderando el Gobierno y a José Luís Ábalos dirigiendo el PSOE? Y ¿cuánto tiempo duraría, en ese caso, la relación del PSOE con el PSC soberanista de Miquel Iceta?

Sánchez no tiene sucesor y él mismo se encargó de que así fuera para evitar un nuevo golpe interno en su contra, como el ocurrido en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 cuando fue obligado a dimitir.

Desde ese momento Sánchez ya no se fía ni de su sombra y sólo le falta, como en la antigua Roma, tener un esclavo que pruebe su comida para no ser envenenado. Y además ha blindado de tal manera su poder autocrático al frente del PSOE que no piensa someter sus pactos con Podemos y ERC al Comité Federal ni a las bases del partido, a los que sólo les ha anunciado el Gobierno de coalición con Podemos, pero nada más.

Lo tuvo todo muy fácil en la votación de investidura del pasado 25 de julio con Podemos entregados, sin Iglesias en el Gobierno y con ERC entonces garantizando su abstención a cambio de nada, pero Sánchez sin pensarlo dos veces dinamitó la operación.

Y ahora está inmerso en su propio laberinto a sabiendas que la única salida que va a enfilar le obliga a pagar un alto y desmesurado precio que abrirá en España una crisis de Estado y constitucional de graves consecuencias.

O sea, la crisis de España solo depende de una persona: Pedro Sánchez. Y todo gira a su alrededor. Pero si Sánchez abandona la escena política en ese momento se hará posible un pacto constitucional de Gobierno entre PSOE, PP y Cs, y decaerían las injerencias y la influencia de Podemos y ERC en la política nacional.

Pero perded toda esperanza porque el pacto escrito con renglones torcidos entre Sánchez, Iglesias y Junqueras saldrá adelante sin remedio. Y, si hace falta, por encima de la campana grande de la catedral. Iglesias, tic, tac, tic, tac, va contando los segundos que van cayendo en su reloj de arena.

Le hubiera gustado lucir el manto de vicepresidente comiéndose el pavo de Nochebuena pero no fue posible. O las uvas en la Puerta del Sol mañana 31 de diciembre, pero no fue posible y ahora se conforma con el roscón de los Reyes Magos todavía hay tiempo para convertir su sueño en realidad.