Rumbo al Cabo de Hornos

Las fiestas tradicionales españolas de la cena Nochebuena y el almuerzo de Navidad abren un paréntesis y una tregua de reflexión al menos de 24 horas en el tenso panorama político español. Y ello a pesar de que en estos días se han de dilucidar los pactos que van a marcar la próxima legislatura y que, por lo que vamos conociendo, no parecen transmitir los deseos navideños de ‘paz y buena voluntad’.

Salvo que en este breve alto en el caminar de unos y otros se produzcan hechos asombrosos e inesperados que inviten a la conciliación. Y eviten el sendero de las rupturas de puentes y del diálogo entre la gran mayoría de los españoles, para sustituirlo por un mercadillo minoritario de intrigas en el que unas minorías rompedoras e intransigentes acaben imponiendo su ley.

La mayor responsabilidad de lo que en España ocurra está en las manos de Pedro Sánchez. El que se auto proclama ‘el resistente’ y ‘el rojo’ del PSOE y que, a lo mejor, se cree tocado por la mano de Divina Providencia para abrir en España una nueva página de la Historia.

Y para hacerlo en la compañía de un PSOE que está lleno de dudas y de inquietudes y de populistas y nacionalistas que unidos o bien por separado constituyen una vieja amenaza que muy bien se conoce en Europa.

Dos elementos a los que hay que añadir, en este y otros continentes, las guerras de religión (que ahora se están incubando en la India) como el tercer elemento (patrias, caudillos y religiones) que a lo largo de los tiempos han llevado a los habitantes de muchas latitudes este Planeta por derroteros de violencia, sufrimientos, penurias y enfermedad.

Y nadie en España, y menos aún con solo 120 diputados de los 350 del Congreso, puede ser listo y tan genial como para enfilar la proa del viejo galeón español rumbo al Cabo de Hornos de una tan difícil singladura (y legislatura) y menos en la compañía de semejante tripulación.

La que en cualquier momento puede organizar una rebelión (o sedición) a bordo, porque la trayectoria del contramaestre del comandante Sánchez, Sparrow (Iglesias), y de su cocinero, John Silver (Junqueras), no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones y ambiciones respectivas y complementarias.

Cuentan que Sánchez se ha hecho un lifting facial para ponerse más bonito que un San Luis para cuando le toque, tras la investidura, subir al puente de mando del galeón y ordene soltar amarras y desplegar las velas para iniciar la incierta travesía que nos espera a todos y nadie sabe hacia donde nos conducirá. Porque las cartas de navegación son confusas y necesitarán la marca de las estrellas, una buena brújula y el compás, amén de vientos y mareas apacibles que faciliten el incierto navegar.