Pablo Iglesias, la serpiente se ha hecho un nudo

El pasado martes cuando Adriana Lastra conversaba en el Congreso con el diputado de ‘Teruel Existe’ para pedirle el voto para la investidura de Pedro Sánchez, la dirigente del PSOE recibió una llamada urgente y salió disparada hacia La Moncloa porque pasaba algo de vital importancia. Y ahora se sabe qué: el Gobierno se acababa de enterar de la sentencia de Luxemburgo y ya sabían que eso retrasaba y amenazaba la negociación con ERC.

Y por supuesto el Gobierno de coalición con Podemos, desde donde Pablo Iglesias agitaba el pacto de Sánchez con Junqueras convirtiendo -alegoría de su larga coleta- su particular mediación en la sinuosa y doble tentación de una serpiente del Paraíso.

En este caso una hidra bicéfala que, con una boca, le ofrecía a Sánchez la manzana dorada y envenenada de la Presidencia de la III República y, con su otra cabeza, le prometía a Junqueras no solo los indultos, la investidura, la Generalitat y el Gobierno de coalición de la izquierda sino el cambio del Régimen español de la Transición.

Pero he aquí que los hados y los inescrutables caminos del Señor se han adentrado en el Tribunal de la Corte Europea de Luxemburgo y acaban de emitir una sentencia favorable a la inmunidad de Junqueras, que pone en riesgo la investidura de Sánchez, el gobierno de coalición PSOE-UP y ahí incluida la soñada vicepresidencia de Pablo Iglesias.

Y todo esto que está pasando alrededor de los ahora eufóricos delincuentes Junqueras, Puigdemont y demás golpistas condenados, presos y prófugos, puede provocar un terremoto político en España de grandes dimensiones y de consecuencias imprevisibles.

E Iglesias, que prometía a Sánchez lealtad en las ‘cuestiones de Estado’, no tiene escapatoria posible y tendrá que apoyar a los golpistas en línea con su discurso -el que fue criticado por Sánchez- de que en España ‘hay presos y exiliados políticos’. Lo que además de falso constituye la negación plena de la Democracia y el Estado de Derecho.

La serpiente/coleta de Iglesias está hecha un lío y un nudo. Y con una de sus cabezas mira a la cárcel de Lledoners donde se aloja Junqueras; y con la otra mira inquieta la lucecita del primer despacho de La Moncloa donde Sánchez se ha encerrado con su ‘Gabinete de crisis’ para ver qué hacen. Mientras desde Barcelona ERC sube el precio de la investidura -quieren la cabeza del Abogado del Estado en bandeja de plata- y han frenado en seco la negociación.

Y en la mansión del líder podemita de Galapagar, donde estaban preparando el cotillón de fin de año con luces, cohetes, turrones y champaña (de buena se va a librar el pavo) comenzaron a sonar las alarmas porque el Gobierno de coalición y la vicepresidencia del líder, por segunda vez en cinco meses, corría el riesgo de derrumbarse como un frágil castillo de naipes, ‘chateaux dans l’Espagne’ que dicen los franceses.

Adivina, adivinanza ¿dónde está Casiopea en el oscuro firmamento español? Nadie lo sabe porque nadie sabe nada, pero en el otro Palacio de la Zarzuela se ha encendido un árbol de Navidad y la esperanza -estaban con el agua al cuello- de que la coalición del PSOE-Podemos puede naufragar.

Lo que a fin de cuentas sería la maldición de la momia de Franco, tras ser removida en su tumba, y a quien se le atribuye tras el atentado y muerte de Carrero Blanco el haber repetido en esa ocasión el dicho de ‘no hay mal que por bien no venga’. Pues eso, inmunidad para Junqueras y dramático final del Gobierno de coalición.