Junqueras es ‘el puto amo’

Nunca un alto delincuente, y puede que ni del narco ni la mafia, ha tenido tanto poder político en cualquier país, como el que ahora detenta en España el preso Oriol Junqueras, condenado por sedición y malversación.

Un poder que Junqueras maneja a placer desde su celda de la prisión de Llenoders. La que el famoso preso ha convertido en su despacho oficial y lugar de peregrinación al que acuden gobernantes, dirigentes políticos, líderes sindicales, obispos y grandes empresarios.

Junqueras, como diría Pep Guardiola de José Mourinho, es ‘el puto amo’ de la situación. Y tiene al pretendido Gobierno de coalición de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias en un puño. Y en el otro esconde la llave de las terceras elecciones generales para desestabilizar las instituciones del Estado ante la ausencia de Gobierno, Presupuestos y de estabilidad, a nada que Sánchez no le obedezca o simplemente porque él decidió desestabilizar el Estado.

Y todo ello gracias a la obsesión de Pedro Sánchez de ser Presidente del Gobierno y a su empeño de pagar al delincuente Junqueras el precio que le ponga a la abstención de ERC en la investidura.

Junqueras, ese Polifemo de mirada torva que presume de católico y ‘buena gente’, es ‘el puto amo’. Y con un simple chasquido de sus dedos le pide a Sánchez que llame por teléfono a Quim Torra -quien ya está a punto de ser inhabilitado- y Sánchez llama a Torra y lo invita a una reunión en La Moncloa, lo que ha despreciado el catalán porque el dice que él no se mete en una ronda de presidentes autonómicos, como no más.

Y añade Torra que él quiere hablar de la autodeterminación y celebrar un encuentro de tú a tú con el Estado, en línea con la ‘bilateralidad’ que este genio y amigo de los CDR (a los que el fiscal de Sánchez piensa poner en libertad) parece que practica con las grandes potencias del mundo mundial.

Y visto lo ocurrido entre Sánchez y Torra parece que las carcajadas que Junqueras emite desde la cárcel de Llenoders se escuchan hasta en Bélgica donde su íntimo enemigo, Carles Puigdemont, no sale de su asombro ante la obscena exhibición de poder del delincuente preso Junqueras, al que el Tribunal Supremo señaló como el jefe del golpe de Estado catalán.

Pero ¿para que quiere Junqueras el segundo o el tercer grado penitenciario si se ha convertido en la cárcel de Llenoders en el verdadero presidente ‘in péctore’ de la Generalitat y en el posible socio del pretendido Gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias? Lo único que quiere Junqueras es el indulto para ser el candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat cuando se convoquen elecciones catalanas en la próxima primavera, si no se adelantan por la inhabilitación de Torra.

Total, que a Sánchez le ha salido por la culata el tiro de la llamada a Torra y no le llega al cuello la camisa de solo pensar de que puede volver a fracasar -y por tercera vez- en su investidura.

Y al zorro Iglesias -quién ya se había comprado un par de chaquetas para prometer el cargo de vicepresidente del Gobierno ante el Rey y para asistir a los Consejos de Ministros- se lo llevan los demonios viendo que, como ya le ocurrió en julio, se le puede volver a escapar el tren que viaja hacia el lejano cielo del poder.

Así al menos parece que están las cosas de la investidura de Sánchez al día de hoy, mientras el delincuente Junqueras, ‘el puto amo’ de la situación, se monda de risa en la cárcel de Llenoders. Cosas que pasan en esta España nuestra que no deja de asombrar.