Los esperpentos y el pro golpismo sindical

En esta España, donde el ‘esperpento’ del genial escritor gallego don Ramón María del Valle-Inclán inunda la vida política, un diputado socialista de luenga barba y aspecto valleinclanesco, Agustín Zamarrón, ha pedido perdón, e hizo bien, a los españoles por el bloqueo político de los últimos meses, y lo pidió desde la Presidencia ‘de edad’ con la que se abrió el martes en el Congreso de los Diputados el inicio de la incierta legislatura.

El propio reparto de la Mesa del Congreso, con el trasvase secreto de votos entre partidos de la izquierda y nacionalistas, constituyó un ejemplo de los citados esperpentos. Y desveló la íntima sintonía entre PSOE y Podemos, mientras que la falta de entendimiento entre formaciones de la derecha le otorgaron un premio a UP de tres asientos, lo que deja la Mesa en un 6 a 3 a favor de la izquierda y en menoscabo de una derecha dividida.

Pablo Casado, que está mudo frente a Pedro Sánchez, mira de reojo y con desconfianza a Santiago Abascal y piensa más en aglutinar en torno al PP a lo que queda de Cs, que en presentar su alternativa al pacto de investidura que se está negociando entre PSOE, UP y ERC.

Al que se han querido sumar de esperpéntica manera los líderes sindicales de CC.OO., Sordo, y UGT, Álvarez, entrometiéndose en asuntos que no les conciernen para rendir vasallaje al delincuente y golpista Oriol Junqueras en la prisión de Llenoders.

Los sindicatos están agotados y obsoletos en esta España y ante el nuevo mundo laboral tecnológico y digital. Y si además se dedican a apoyar al golpismo en Cataluña el Estado les debería retirar toda subvención oficial.

Más les valía velar por los intereses generales de los ciudadanos de a pié y, por ejemplo, poner fin a las huelgas del chantaje y bloqueo en el transporte público, como la que ahora se inicia en los trenes con vistas al puente de la Constitución, y que muy mayoritaria afecta a los colectivos populares y daña sus vacaciones y sus ahorros. Lo que ya ha ocurrido en otros sectores del transporte público y en días de salida de vacaciones.

La nueva izquierda española nacional, federada, confederada, soberanista y sindical cree que, por fin, ha llegado su momento bajo el liderazgo de Pedro Sánchez ‘el rojo’. El que ha abandonado el ámbito socialdemócrata del PSOE de la transición, para militar en el club marxista y anti constitucional de Pablo Iglesias y del soberanismo catalán.

Un Iglesias que a buen seguro considera el viaje de los sindicalistas a la prisión de Junqueras fue un error. No en vano ello refuerza la acusación que la derecha hace de Sánchez como el líder de un nuevo Frente Popular, tras su ‘victoria’ en la exhumación de la momia de Franco que el propio Iglesias calificó de pírrica por los honores que le otorgaron a los restos del dictador.

Y ¿qué dice de todo esto el otro PSOE? Pues de momento calla y otorga en aras de la unidad -‘la piña’, la llaman ellos- mientras los esperpentos se van instalando y sucediendo, a izquierda y derecha, en la escena nacional.