¡Vuelve Mariano, nos rendimos!

Se empieza a escuchar en la sede nacional del PP de Génova 13 una ola de sollozos y lamentos que concluyen con la exclamación de ‘¡Vuelve Mariano, nos rendimos!’. Y el clamor de las bases del PP, por el regreso de Mariano Rajoy Brey al puente de mando del Partido Popular, se va extendiendo poco a poco y como reguero de pólvora encendida por la geografía nacional.

En el despacho presidencial del PP y ante un espejo mágico el pupilo de José María Aznar, el hipster barbudo y desconcertado de Pablo Casado, ensaya de memoria el monólogo de Hamlet, ‘ser o no ser...’, mientras su fiel mayordomo, Teodoro, le prepara una infusión de ‘talento’ con esencias de ‘audacia’, especias que días atrás había comprado en la casa de un sabio alquimista que vive en la Glorieta de Alonso Martinez, muy cerca del PP.

Nos quejábamos de Soraya Sáenz de Santamaría porque Junqueras le sobó el lomo y le tomó el pelo en Cataluña y ni ella ni su CNI se enteraron del golpe catalán. Y porque Soraya era un ‘bicho’ capaz de cualquier intriga y oscura maniobra si era para machacar a alguien del PP. Como bien lo sufrió la inocente Dolores Cospedal la que queriendo imitar a ‘la pequeña asesina’ contrató al Comisario Villarejo (‘baratito’) para espiar a Javier Arenas, el que fuera su ex ministro y su ex secretario general.

‘¡Vuelve Mariano, nos rendimos!’ Se escucha, de momento a hurtadillas, en las sedes del PP. Pero Mariano sigue impertérrito subido en el cajón de Don Tancredo, con su túnica blanca y la cara cubierta de polvo de arroz, para disimular. Y no mueve un dedo ni pestañea, no vaya a ser que de pronto lo empitone un toro con apariencia de fiscal.

Eso sí, cuando pase el peligro ya veremos. Pero de momento el registrador no se mueve. A lo más se reúne con la pandilla de la espantada durante la moción de censura para tomarse unas copas de McCallan y cantar como el capitán Garfio aquella canción marinera que Mariano aprendió en su infancia en Pontevedra: ‘¡Ah, la de un pirata/ es la vida mejor,/ que vive sin trabajar,/ y cuando uno se muere/ con una sirena/ se queda en el fondo del mar.’

Rajoy es un millón y cien mil veces más listo que Casado. Pero se ganó el odio enloquecido de Aznar que le hizo la vida imposible mientras jaleaba a Abascal, ‘ese muchacho tan lleno de cualidades’. Pero ahora el amo de FAES, abrumado, empieza a descubrir que su marioneta barbuda, el tal Casado, y sus monigotes Teodoro, Ayuso y Almeida, no tienen el nivel que de ellos esperaba y no hacen, no dicen y no saben nada de nada.

A Aznar se lo llevan los diablos mientras que sentada a sus pies, y con su afilada cara de galga rubia, le dice como quien no quiere la cosa la malvada y ambiciosa, Cayetana: ‘te lo advertí José María, Pablo Casado no da la talla’. Y el pequeño rencoroso, que aún sueña con los remotos desiertos y las lejanas montañas, gruñe, brama y salta, mientras la astuta Cayetana, que tiene poderes para transformase en la serpiente del Paraíso, lo consuela y ofreciéndose ella como lideresa y capitana le dice: ‘José Mari, ¿quieres una manzana?’.