Arrimadas entra en la escena política

La vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo ha llamado a Inés Arrimadas para pedirle la abstención de Cs en la investidura de Pedro Sánchez porque en La Moncloa empiezan a ver que la abstención de ERC se complica y que necesitarían la abstención de Ciudadanos.

Lo que Arrimadas no piensa a apoyar porque Cs ya ha hecho pública su posición favorable a un pacto de gobierno constitucional entre PSOE, PP y Cs.

El argumento de Calvo consiste en decirle a Arrimadas que el apoyo de Cs evitará que el Gobierno dependa de los separatistas catalanes. Pero para Arrimadas -que está pendiente de su nombramiento oficial como presidenta de Cs y por ello no quiere asumir protagonismo- eso no es un argumento suficiente y ha declarado que Cs no puede apoyar un Gobierno de coalición con ERC de comparsa y en el que este presente Unidas Podemos. Por las connivencias de Pablo Iglesias con el separatismo catalán y vasco y por su política económica y fiscal.

El esperado liderazgo de Arrimadas en Cs puede favorecer una recuperación eficaz aunque lenta del partido tras la marcha de Albert Rivera. Y no solo por el cambio de liderazgo sino porque Arrimadas goza de prestigio y simpatía en amplios sectores de la sociedad española.

Y también porque sus modales y discurso político son mejores de los de Rivera y tiene en su haber su victoria en las últimas elecciones catalanes lo que fue todo un hito, por la enorme dificultad que ello incluía. Y también porque en los sectores más moderados del PP y del PSOE Arrimadas produce más simpatía que rechazo y ello en el medio plazo le beneficiará.

Lo que ocurre es que si fracasa la investidura de Sánchez entonces no habrá legislatura ni veremos a Arrimadas, desde su escasa minoría, actuar como líder de Cs desde la oposición. Sino que Arrimadas en dicho caso se estrenará como la cabeza de cartel de Cs en nuevas y terceras elecciones.

Una cabecera del cartel de Cs que Arrimadas ya debió de ocupar durante la pasada campaña electoral de los comicios del 10-N cuando todas las encuestas empezaban a anunciar la debacle de Cs. Pero Rivera, a pesar de que algunos -como este diario-, sugirió la candidatura de Arrimadas para salvar a Cs del hundimiento, no quiso cederle el puesto y ese fue su último error y su perdición.