El triunfo de Iván Redondo, ‘El Terrible’

Está en el ojo del huracán que envuelve al nuevo Gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y hablamos del hábil Jefe de Gabinete del Presidente aún en funciones del Gobierno de España, Iván Redondo. Al que destacados barones -los Boyardos- del PSOE y Unidas Podemos apodan  ‘Iván, El Terrible’ en memoria de Iván IV Vasilievich, el primer Zar de Rusia.

Nuestro Iván no llega a tanto poder y ni tanta crueldad. Pero es temido y fue denostado por los Boyardos de Iglesias acusado de haber impedido, desde la tribuna del Congreso y a golpe de Whatsapp, la oportunidad de formar un Gobierno de coalición PSOE-UP el pasado 25 de julio, cuando a un Iglesias desesperado se le escapaba el último vuelo al cielo del poder y mendigaba, con ayuda del gafe Zapatero, ‘las políticas activas de empleo’ para decir Amén.

Pero ya era tarde. Pedro Sánchez llevaba semanas sin dormir por la posible entrada de Podemos en el Gobierno e Iván aprovechó la negativa de Pablo a la última oferta del PSOE para señalar a Iglesias como el gran culpable de la histórica oportunidad perdida y despreciada por UP.

Y entonces, calculadora en mano, creemos que Iván Redondo whasapeó a Sánchez: ‘Iglesias y Rivera culpables del bloqueo; PSOE 150 escaños el 10-N’. Y, colorín colorado, así se acabó el primer intento fallido del Gobierno de coalición progresista entre PSOE y UP.

En agosto en el despacho Sánchez en Moncloa se meditó y midieron las oportunidades de reabrir negociaciones con Cs. Pero Rivera, desaparecido con Malú, no se movió. Y, en vez de construir castillos de arena en las playas lusitanas de Comporta, cavó su tumba política dejando a Cs en 10 tristes diputados. Y convirtiendo a Inés Arrimadas -que debió haber encumbrado al cartel electoral de Cs para frenar el desastre- en ‘La niña de luto’ del centro político español.

Mientras el desvergonzado de Tezanos seguía alimentando a La Moncloa con el cuento chino del esperado boom electoral de Sánchez y la teoría de los dos respectivos y simultáneos hundimientos de Iglesias y Rivera. Y en la bola de cristal de Redondo no aparecía signo alguno de flaqueza electoral.

Pero en la base de datos de la calculadora Iván fallaron elementos de gran importancia: que Podemos resistiría bien la repetición electoral; que habría una respuesta muy violenta a la sentencia del Tribunal Supremo en territorio catalán; que la exhumación de Franco movilizaría el electorado de derechas; y que las encuestas de Tezanos carecían de base científica como demostró el último sondeo del CIS.

En la noche clara del 10-N llegó a Ferraz la alta factura de la repetición electoral: 3 diputados menos y pérdida de 730.000 votos. Una ‘amarga victoria’ que Sánchez no quiso reconocer como tal. Y los Boyardos del PSOE creyeron tener la cabeza de Iván al alcance de sus espadas.

Pero si algo caracteriza la estrategia del donostiarra Redondo es que en tiempos de bonanza o de tormenta siempre se han de tomar decisiones, llevar la iniciativa y nunca quedarse a remolque de los acontecimientos.

Y el 10-N solo había tres opciones: terceras elecciones, imposibles porque hundirían a Sánchez y unirían la derecha; gobierno de unidad constitucional con PP y Cs, una operación de complicado recorrido a riesgo de favorecer a UP en la Oposicion e indignar a la izquierda del PSOE y al PSC; o vuelta al Gobierno de coalición con Pablo Iglesias, la salida más rápida y sencilla de implementar.

Y fue esa misma noche cuando Sánchez, de espadas a su partido, dio luz verde a Iván para la puesta en marcha de la operación ‘rayo’. E Iván encargó a Adriana Lastra abrir negociaciones ‘sin vetos’ con Irene Montero. Y, a partir de ahí, el pacto se cerró a gran velocidad y con el único borrón en la firma del acuerdo de un Pablo Iglesias entusiasmado que repartía abrazos como los borrachos a las farolas, empezando por el de Sánchez que dio la vuelta al mundo a gran velocidad.

Y todo ello ante la indignación de los Boyardos del PSOE y la vieja guardia. Los que pillados por sorpresa, no pudieron reaccionar -hasta Ábalos y Calvo quedaron fuera de juego- ante el sigilo y velocidad con los que Iván llevó a cabo la operación con la sola ayuda de la guardia pretoriana de La Moncloa (los ‘Oprichninas’ del Zar).

Operación delicada de la que quedan varios asuntos importantes por cerrar: el apoyo de ERC a la investidura y la estabilidad del Gobierno; y controlar la ambición y el ansía de protagonismo de Pablo Iglesias en el Gobierno donde intentará eclipsar a Pedro Sánchez de manera continua y sin cesar. Motivos por el que hará falta un estricto ‘protocolo interno’ sobre comunicación.

Como en julio pasado Iván Redondo ha vuelto a salir triunfador. Pero Iván, el astuto más que terrible, no debería de tentar la suerte y quizás este sería su mejor momento para abrir, en el ámbito privado, su despacho de ‘Estrategia y Reputación’. Se lo dijimos ya hace tiempo pero esta es una buena ocasión.