El moro de Venecia

La subida del agua, ‘acqua alta’, inunda y amenaza la Venecia, hoy triste que cantaba Charles Aznavour. El cambio climático que aún niegan algunos dirigentes como el ciego Donald Trump tiene en su punto de mira a la caza de la hermosa ciudad italiana para convertirla en Atlántida si no se toman las medidas necesarias para blindar frente al agua invasora la ciudad.

Donde inundada está la plaza de San Marcos, mientras las aguas se acercan al embarcadero que protege la puerta del mítico Harry’s Bar del Carpaccio y los Bellini.

Un entorno donde se aprecia un inesperado carnaval veneciano de chubasqueros y botas de agua, mientras los habitantes y comerciantes de las zonas más afectadas achican agua y se horrorizan por los daños incalculables que está causando esta última inundación.

Venecia, ‘la sereníssima’ de la Republica veneciana, la ciudad del amor y de los celos del Otelo de Verdi y Shakespeare, se ha convertido en un símbolo del cambio climático que nos acecha y que en el caso español presenta dos caras amargas: de inundaciones y de sequía, mientras el desierto del Sáhara avanza implacable sobre el Sur del país.

Hemos visto en esta Venecia inundada a los comerciantes llorando porque las aguas han entrado en sus tiendas y han dañado no solo sus locales sino sus géneros -las maravillosas telas del español Fortuny- y sus delicadas joyas, como el famoso Moretto veneciano, un broche en el que se representa a un rico -un Otelo- africano de color ornado con un turbante y cubierto de piedras preciosas.

Un Moretto como el que desató un incidente de ‘alta sociedad’ en el Palacio de Buckingham porque, en un almuerzo de la Reina Isabel II, la princesa Michael de Kent lució una de esas joyas emblemáticas que, algunos consideran racistas, lo que se consideró una descortesía por la presencia en el acto de Megan Markel, la esposa del Príncipe Enrique de Inglaterra de madre afroamericana.

Un Moretto de Nardi como que lucía la Kent, o han lucido Grace Kelly, la Reina Paola, la Reina Sofía, la Infanta Elena, Gracia de Mónaco, o Liz Taylor y Marilyn Monroe. Porque esas delicadas joyas de ébano, oro y piedras preciosas no son un alarde racista sino un canto al poderoso Otelo, pero allá cada cual con sus interpretaciones y veleidades.

Lo cierto es que Venecia se hunde y que en su plaza mas emblemática de San Marcos, patrimonio de la humanidad, casi se puede nadar. Y no parece que los gobernantes de nuestro tiempo sean conscientes del ‘acqua alta’ que emana del deshielo de los Polos y furiosas tormentas que amenazando están a Venecia y al conjunto de la Humanidad.