Arrimadas será líder de Cs el 11-N

Para quienes todavía consideran que Cs es un partido necesario en la vida política española, para las reformas democráticas, la unidad nacional y la utilidad del centro político, tienen que saber, a pesar de los enormes errores y del pésimo y autocrático liderazgo de Albert Rivera -que ha tirado a Cs por la ventana en solo seis meses-, lo que el 10-N quede en pie de este partido habrá que conservarlo en pos de una segunda oportunidad porque a partir del lunes 11-N su nueva presidenta será Inés Arrimadas.

Y esta mujer, valiente, decidida y ganadora en el infierno catalán, es de lo mejor o puede que lo mejor que hay en la política española. Y está claro que en la noche electoral de mañana domingo, si se confirma el batacazo de Cs que anuncian las encuestas, Albert Rivera tendrá que dimitir y en ese caso a Cs sólo le quedará Arrimadas para reconstruir el centro de la política.

Sobre todo si, valga la redundancia, ‘si se centra en el centro’. Y abandona el discurso tonto/liberal de Rivera. Porque el liberalismo español -que carece de arraigo en la sociedad- no es otra cosa que una derecha vergonzante y poco más. Y gran error de Rivera fue prescindir de su ala socialdemócrata para jugar a ser un pequeño Macron, al que le ha copiado los eslóganes de su campaña electoral (‘vamos’ y ‘en marcha’) sin entender algo tan sencillo como que Francia no es España.

Le bastaba a Rivera haber hablado de ‘la fuerza del centro’ para salir de la crisis interna del partido. Y cuando Cs empezó a caer en picado en todas las encuestas electorales a Rivera -como lo escribimos en estas páginas- no le quedaba otra salida que haber puesto a Arrimadas como la cabeza del cartel de Cs y primera mujer candidata a la presidencia del Gobierno en España, lo que habría tenido un asegurado éxito nacional.

Pero la ceguera y ambición de Rivera también impidió ver esta opción y ahora andan todos rezando y pidiendo a sus defraudados electores que se suban a este Titanic que tiene clavada la proa en el mar.

Es verdad que Inés Arrimadas ganó con claridad el debate de las candidatas del pasado jueves en La Sexta TV, dando fe con ello de su valía. Pero al final cuando pidió el voto -más bien lo imploró- tuvo que rogar a los ciudadanos de este país que les concedieran a Cs otra oportunidad. Es decir unos ‘dos puntos’ de mejora electoral, lo que era una manera sutil de pedir ‘socorro’ al electorado nacional.

Entre otras cosas para tapar la pésima actuación de Rivera en el debate del lunes entre los candidatos a presidentes, donde el de Cs se presentó con un falso adoquín roto para impresionar al personal. Siguiendo con sus trucos y ocurrencias infantiles con los que adorna su imposible y ridículo empeño de estadista de cartón.

El modelo o héroe político de Cs no debe ser nunca Macron sino Obama, que ha sido el mejor y más centrado político que hemos visto en lo que llevamos del Siglo XXI. Pero Rivera no solo no sabe lo que es el centro de la política sino que, además, ha pretendido ser el líder de la derecha española y al final ni una cosa ni la otra.

Y ahora le tocará a Arrimadas intentar levantar a Cs si no es demasiado tarde y todavía algo se puede hacer. Lo veremos el domingo durante un recuento de votos que puede ser dramático para Cs. Y, si se confirma el fracaso, también veremos esa noche la dimisión de Rivera.

Y en ese caso Inés Arrimadas tendrá que decidir si da un paso al frente y confirmar que tiene el coraje suficiente para tomar el relevo y hacer con Cs lo que Rivera, quien tuvo su mérito, aciertos y momentos de gloria, no supo hacer. A Albert se le indigestó el éxito del 28-A, se durmió en los laureles y chocó con el iceberg al amanecer del 10-N, que está al caer.