Pablo Casado y ‘el grito’ de Munch

Se dice y muchas veces con razón que ‘una imagen vale más que mil palabras’. Y la imagen que viene al pelo rubio y largo de Cayetana Álvarez de Toledo (‘si, si, si’) es la del famoso cuadro ‘El grito’ del pintor noruego Edward Munch.

Donde se adivina el retrato de la escuálida Cayetana pero también el alarido, ‘El Grito’, desesperado de Pablo Casado ante el estupor que le puede llegar en la noche electoral del 10-N si se confirma una amplia segunda derrota en tan solo seis meses (aunque se habrá librado de Cs) a manos de un Pedro Sánchez, que aún no sabe que España es una nación, y con el añadido triunfal de Santiago Abascal al que los suyos llaman: ‘¡El Cid!’

Casado no tiene pegada como líder del PP ni como el líder de la Oposición. Sube en votos y escaños porque se hunde Albert Rivera, víctima de sus errores y por el peso del adoquín de los CDR que lleva en el bolsillo. Casado es, en definitiva, el jefe de ‘la derechita cobarde’ del PP según Abascal, ‘ese chico lleno de cualidades’ como le llamaba Aznar.

Un Aznar campanudo que reapareció, cual zombi de Halloween, para dar su bendición a Casado. Y anunciar su escuela de futuros líderes conservadores, en cuyo frontispicio ha de figurar el lema: ‘La mentira os hará poderosos’. En alusión a las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, o la autoría de ETA de los atentados islamistas del 11-M en Madrid, cuyos inspiradores ocultos están en ‘lejanas montañas y remotos desiertos’.

Y si nos apuran, también, con ‘banderas al viento’ de cuando Aznar era ‘flecha’ e imperaba en España ‘un frío general procedente de Galicia’, como bastantes años atrás escribió ‘La Codorniz’ que secuestraron los esbirros de la momia de Franco al que Sánchez desenterró para jalear a Abascal y eclipsar por la derecha a Casado -ese era el plan- como acaba de pasar.

Pedro Sánchez, ‘el resistente’ no abrió el pico, miró al suelo, no respondió ninguna pregunta y vapuleó sin piedad a Pablo Iglesias, el que fue su costalero en la moción de censura contra Mariano Rajoy que le llevó al poder.

El mismo Sánchez que ganará de nuevo las elecciones, porque aguanta más que un buzo, y que pretende que el ‘Ibex 35’ le coloque a Casado de Cirineo de la ‘gran coalición’. ‘¡La gran puta!,’ como proclamó en Gladiator el speaker del Circo de Roma ante el emperador Cómodo que interpretó con maestría Joaquim Phoenix, ahora convertido en el temible ¡Jocker!

Sánchez quiere que Casado se inmole llevando la cruz de su investidura en las Navidades de Madrid. Ciudad donde esperando estamos a Greta Thunberg para la Cumbre del Clima porque ahora está de moda que sean las niñas quienes asuman responsabilidades políticas: Greta en la Cumbre de Madrid; la Princesa Leonor en el desafío de Barcelona, y la pequeña Aitana Iglesias, la hija de Pablo e Irene, ahora utilizada (¿explotación infantil?) en la campaña electoral.

Casado grita despavorido mientras Cayetana afila sus uñas -como Shere Khan esperando al pequeño Mowgli-, al anochecer y en la barra de una discoteca de Madrid en cuyo salón del ángulo oscuro ahoga sus penas, en lágrimas y alcohol, el desdichado Albert Rivera en compañía de Malú.

Decía Casado que Sánchez buscó la repetición electoral en el otoño del señor de la sentencia, que es Marchena, para ‘sacar la porra’ y vestirse de guardián de la nación española que no reconoce. No es verdad, la violencia catalana, le ha salido a Sánchez bastante mal. Mejor le salió la exhumación de Franco para provocar a Abascal en pos de conseguir que una buena parte los votos que el PP recibirá de Cs se escapen por su derecha hacia Vox.

‘El Grito’ de Munch se oirá en Génova 13 en la noche electoral mientras Cayetana, que tiene de plomo y estirada la calavera, tan reconocible como la de Yorik, esperará sentada su oportunidad. Ella es ‘la derechita valiente’ y cuando Aznar diga que le toca el turno no se amilanará.