Crece la opción de la ‘Gran Coalición’

El nuevo mapa político que dibujan las encuestas para la noche electoral del 10-N sólo permite dos opciones para la investidura de Pedro Sánchez y la formación del nuevo Gobierno, siempre que no se produzca un inesperado vuelco de última hora: la Gran Coalición PSOE-PP; y el pacto de Gobierno de izquierdas, que según las exigencias de Pablo Iglesias también incluirá la coalición PSOE-UP y necesitará el apoyo de PNV y la abstención de ERC.

Después de los comicios del 28 de abril había una tercera opción de pacto y coalición de Gobierno entre PSOE y Cs, pero ni Sánchez ni Albert Rivera se pusieron a explorar esa posibilidad. A pesar de que ambos partidos tenían mayoría absoluta de 180 escaños (123 PSOE y 57 Cs). Pero ahora, si Cs se derrumba como dicen las encuestas y el PSOE no sube con ímpetu el 10-N, esa opción de pacto más centrado de PSOE con Cs desaparecerá.

La Gran Coalición tiene sin embargo tres posibles variantes. La más fácil, que buscaría Sánchez, sería la de un Gobierno del PSOE en solitario con la abstención del PP. Como ocurrió a finales de 2016, con la abstención del PSOE -pero no de Sánchez que dejó el escaño- para permitir entonces la investidura de Mariano Rajoy con 137 escaños.

Este pacto para que fuera estable exigiría el compromiso formal de Sánchez de un gran giro en su política catalana y en su política económica para que en el acuerdo cupieran unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

Otra fórmula de Gran Coalición, pero más difícil de imaginar, sería el modelo alemán: Gobierno conjunto con Sánchez de Presidente y Pablo Casado de Vicepresidente, y reparto de ministerios proporcional al número de escaños de cada partido. A esta opción se resistirán Sánchez, que no desea repartir el poder con el PP porque ello daría alas a Iglesias, y también se resistiría Casado porque Vox crecería con fuerza a la derecha del PP y se convertiría en líder de la Oposición.

Queda una tercera variante más difícil para el caso en que Sánchez no logre mejorar los resultados del PSOE del 28-A, y no quiera rectificar su política catalana ni renunciar a los indultos de los golpistas. Entonces el PP podría pedir al PSOE otro candidato a presidente que no fuera Sánchez como sería el caso de Josep Borrell (lo que situaría a Sánchez en el actual puesto de Borrell en la UE) algo muy difícil de imaginar pero no imposible.

La segunda opción de investidura y nuevo Gobierno sería la de la izquierda. A sabiendas que Iglesias exigirá la presencia de Podemos en el Gabinete y en posiciones similares a las que se negociaron en julio pasado. Pero en este caso haría falta la abstención de ERC y los indultos a los golpistas. Y además habría problemas para la aprobación de los nuevos Presupuestos.

La diferencia crucial entre este pacto en la izquierda y el anterior fallido del mes de julio está en la deriva violenta del desafío catalán y en la presencia, ya visible, de la crisis económica. Lo que le obligaría a Sánchez a elaborar un programa económico y unos Presupuestos deficitarios y con mayor gasto social. A sabiendas Sánchez, además, que el soberanismo catalán no dará un paso atrás.

De ahí que la opción más razonable y viable de investidura y de Gobierno con Presupuestos sería la Gran Coalición con gobierno en solitario del PSOE y la abstención del PP, sin necesidad de apoyo de los partidos nacionalistas, aunque ello le pueda crear a Sánchez en Cataluña problemas con el PSC.