Rivera ante su última oportunidad 

Estupor entre los dirigentes de Cs frente los negros pronósticos que les anuncian las encuestas. La última del diario El País dice que Cs podría perder casi el 50 % de sus votos (del 15,9 % al 8,3 %) y el 75 % de sus escaños (de 57 a 14) lo que constituye un hundimiento en toda regla.

Con estos datos no resulta difícil imaginar la desazón que en este momento debe embargar el ánimo de Albert Rivera, quien esta noche del gran debate electoral ‘a cinco’ tendrá su última oportunidad para intentar frenar la caída en picado que le anuncian los sondeos. Y que situaría a Cs en el quinto y el último lugar de los partidos nacionales donde hasta ahora ocupaba el tercer puesto.

Veremos qué hace y dice Rivera esta noche donde sus competidores no le prestarán mucha atención durante un debate en el que PSOE, PP y Vox van a disputarse los votos que pierde Cs. Siendo Santiago Abascal el candidato emergente que espera dar la campanada para con más de 40 escaños para pasar a convertirse en la tercera fuerza política nacional.

¿Qué puede decirles Rivera a sus electores del 28 de abril, que hoy están en desbandada y que hace seis meses auparon a Cs hasta los 57 escaños? En realidad solo lo queda un discurso posible: el reclamar los valores del centro político y la moderación.

Los que, después de despreciar el gobierno de coalición con el PSOE que destacados dirigentes de su partido le pidieron, él abandonó vistiéndose de ‘liberal’ e intentando disputarle al PP el liderazgo de la derecha con broncos discursos y negándose a hablar con Pedro Sánchez (al que ahora dice que no descarta apoyarlo) en La Moncloa.

Aunque Rivera dice que su prioridad será formar gobierno con el PP, con el que tampoco ha querido pactar la coalición electoral ‘España Suma’, como se lo recordará Pablo Casado esta noche.

Es posible que Rivera hable mucho de ‘pactos de Estado’ y que ofrezca algunos de sus trucos y ocurrencias, a mitad de camino entre las artes del mago Tamariz y juegos de palabras un tanto infantiles sobre ‘la banda, la habitación del pánico, o la mesilla de noche’, exhibiendo fotos, libros y gráficos en el atril.

Pero esas habilidades llegan tarde y no impresionan a nadie, como tampoco serán novedad sus ataques a Sánchez, o el discurso del artículo 155 de la Constitución.

Rivera lo tiene muy difícil y, aunque asegura que remontará y que dará la sorpresa recuperando a muchos de sus votantes indecisos, está en mala situación y esta noche va a necesitar grandes dosis de empatía y sinceridad para reencontrarse con su electorado. Y sobre todo deberá responder con la mayor claridad a la pregunta de ¿para qué sirve votar a Cs?

Casado y Sánchez dirán que su opción es inútil y Abascal -que no perdona los vetos de Cs a Vox y se está llevando votos naranja- le dirá a Rivera que su tiempo ha pasado y que se debe retirar.

Al fondo del debate cabe imaginar a una compungida Inés Arrimadas, que nunca debió venirse a Madrid y que deberá asumir el liderazgo de Cs si el 10-N se confirman los malos augurios para Cs y Rivera anuncia su retirada de la primera línea política nacional.

Puede que en ese momento Rivera entienda que muchos de los 4.136.600 españoles que votaron a Cs el pasado 28 de abril eran el techo electoral de su partido, gracias a la grave crisis de corrupción del PP y a la espantada de Mariano Rajoy durante la moción de investidura.

Y que ese enorme capital, que Rivera escondió bajo su colchón sin utilizarlo en beneficio de la gobernabilidad se iría devaluando y esfumando tal y como ha ocurrido a lo largo de los últimos meses sin que el líder de Cs -que se fue el mes de agosto de vacaciones- fuera capaz de ver lo que estaba pasando ni de reaccionar.

Rivera nunca fue un buen estratega político y perdió dos oportunidades de oro: buscando el adelanto electoral en 2018 (cuando Cs lideraba todas las encuestas por la corrupción del PP), negándole a Rajoy el apoyo de Cs a los Presupuestos de 2018; o pactando en el pasado mes de mayo un gobierno de coalición con el PSOE (sumaban 180 diputados) en el que Rivera habría sido su vicepresidente.

Pero Albert Rivera desperdició ambas oportunidades y ahora está donde está y a punto de disparar su último cartucho en el debate electoral.