Iglesias sigue teniendo la llave

Ha dicho Pedro Sánchez, mientras disimula su estupor por la marcha de las encuestas electorales, que después del 10-N formará Gobierno en tan solo quince días. Y puede ser verdad siempre que se trague el Gobierno de una coalición con Podemos, como lo exigió Pablo Iglesias en agosto. Porque si Sánchez no se allana ante Iglesias lo va a pasar muy mal.

Sobre todo si las encuestas electorales aciertan y confirman el hundimiento de Cs y un escaso ascenso del PSOE. Y si Pedro Sánchez insiste en formar gobierno progresista, lo que daría a Pablo Iglesias la llave que abre la puerta de la investidura y la gobernabilidad.

Y ese será el momento y la venganza esperada por el líder de Podemos que volverá a exigir el Gobierno de coalición al PSOE, y veremos si en este caso también con su presencia en el Gabinete, tal y como lo anunció en agosto pasado.

Y en ese momento veremos qué hace Sánchez, porque el hundimiento de Cs beneficia sobre todo al PP y deja a Albert Rivera con una veintena o apenas 30 diputados. Lo que le obligaría al PSOE a alcanzar la cifra de los 145 escaños, algo que parece imposible a la vista de los sondeos.

Rivera nunca tendrá la oportunidad que le dieron las urnas del 28-A con 57 escaños en plena crisis del PP, con los que llegaba a una sobrada mayoría absoluta de 180 diputados con los 123 que tenía Sánchez. Pero Rivera se ofuscó, a pesar de que se lo advirtieron parte de los suyos y tiró por la borda una oportunidad de oro que no volverá, mientras la nave de su partido hace agua por los costados y se proyecta hacia la profundidad.

Sobre todo porque para intentar remediar su difícil situación en Cs siguen con las ocurrencias infantiles -ahora un macro enchufe en Móstoles-, como las fotos, libros y regalos en los debates, o la banda, el botín y la habitación del pánico que es donde Rivera y su equipo están encerrados sin saber por donde salir.

Pero los pelos de punta se le ponen a Pedro Sánchez de pensar que tiene que volver a llamar a Iglesias para gobernar. Porque una vez hundido Cs, la otra alternativa que les queda es la ‘gran coalición’ con el PP. Y esas son palabras mayores porque gobernar en solitario otra vez con 125 escaños será imposible si no cuenta con el soberanismo vasco y catalán, lo que le obligará a conceder los indultos a los golpistas que resulten condenados.

Y eso, en vísperas de la tormenta económica del Brexit, la recesión y la guerra comercial de Donald Trump, son muchas cosas a la vez. Sobre todo si Podemos exige unos Presupuestos deficitarios con más impuestos y gasto social.

Salvo que la sentencia catalana y la crisis económica -la momia de Franco ya está electoralmente amortizada- alteren los últimos días de la campaña electoral y aparezca un resultado sorprendente para el PSOE o para el PP.

Aunque lo más normal es que Sánchez se puede encontrar el 10-N con un mapa político similar (con menos Cs y más PP) al que tenía cuando decidió romper con Iglesias y lanzarse a la repetición electoral.

Regresando Sánchez al punto de partida de hace seis meses y de nuevo dependiendo de Iglesias esperará sentado a la espera de una llamada de Sánchez (con el que no habla desde el mes de julio) y encantado de regresar a La Moncloa a negociar su gobierno coalición y sin vetos de por medio.

De lo contrario Sánchez tendría que implorar ayuda a Pablo Casado o bien reconocer que él es la principal causa del bloqueo nacional.