La guerra de los drones

Fueron los EE.UU. los que estrenaron los drones como arma silenciosa y ofensiva para atacar el terrorismo islámico desde aire con unas precisas y teledirigidas bombas que causaban estragos mortíferos en sus objetivos fijos o móviles. Y que se guiaban desde cientos de miles kilómetros de distancia.

Pero ahora son otros ejércitos los que utilizan los drones para, en el Golfo Pérsico, atacar objetivos petrolíferos en la zona como petroleros y refinerías como acaba de ocurrir en Arabia Saudí.

Los rebeldes del Yemen, en guerra abierta con el régimen saudita de Ryad, se han atribuido la autoría de estos ataques de los que tanto los sauditas como los Estados Unidos culpan a Irán y tensan la situación en el Golfo Pérsico hasta el punto de amenazar a los iraníes con una represión militar.

Estos hechos han disparado la subida de los precios del petróleo y han dañado la frágil estabilidad económica y financiera internacional. Mientras el presidente Donald Trump ha vuelto a utilizar su lenguaje bélico y electoral, a la espera de que concluyan las investigaciones que se están llevando a cabo sobre el último atentado contra las refinerías de Arabia Saudí.

Hace pocos días se ha sabido que el Gobierno de Pedro Sánchez acaba de poner en marcha dispositivos de blindaje del Palacio de la Zarzuela, de La Moncloa y del Congreso de los Diputados para prevenir e impedir cualquier atentado terrorista con drones.

Pero estos atentados y estas mortíferas armas en manos de terroristas se pueden controlar frente a centros neurálgicos de poder. Pero los terroristas los pueden utilizar con gran facilidad contra grandes eventos deportivos o en concentraciones sociales o en conciertos musicales, lo que podría causar masacres de personas indefensas.

De manera que mucho cuidado con los drones que están al alcance de muchos desalmados, como también lo están armas y explosivos de toda clase incluso de fabricación casera que pueden instalar en los drones. Lo que ensancha el campo del terror y del crimen organizado hasta límites impredecibles.

Y en un tiempo donde estos aparatos voladores, que manejan con facilidad hasta los niños, amenazan con inundar los cielos de grandes ciudades para el transporte de mercancías y de paquetería de distinto tamaño. Un tráfico aéreo complicado de gestionar entre el que podrían infiltrarse los drones asesinos, ahora convertidos en una incontrolable arma destructiva y letal.