Rivera en la habitación del pánico

No sabemos que le pasa a Albert Rivera pero da la impresión que el líder de Cs está desconcertado por sus propios errores, y que carece de un discurso político original y atractivo como para evitar un notorio retroceso en las elecciones del 10 de noviembre que se acercan, y donde todos los sondeos electorales anuncian una dura caída de Cs.

El principal error de Rivera no es el rechazar un pacto con Sánchez, como se lo reprochan los dirigentes de su partido que le han abandonado, algunos de ellos porque querían ser ministros y otros, como el charlatán de Javier Nart por su ansia de protagonismo a la que añade su descaro para conservar el escaño europeo y garantizarse una suculenta pensión.

Sánchez acumula méritos suficientes (en Navarra, Cataluña y País Vasco) como para que nadie quiera pactar con él. Pero el gran error de Rivera es doble: porque creyó que los 57 escaños de Cs logrados el 28-A eran mérito suyo, y no demérito de Rajoy por sus errores en Cataluña, la corrupción del PP y la moción de censura, de donde Rajoy salió huyendo como alma que lleva el diablo y él sabe muy bien por qué.

El segundo error de Rivera está en pretender liderar la derecha en vez del centro con su vacío discurso liberal con el que ha girado a la derecha para competir con Casado. Su discurso debería ubicarse en el binomio ‘centro político’ y en la grave situación general del país. El que Rivera solo visita en las elecciones y de pasada sin ocuparse de la situación social de España.

Además, Rivera ha despreciado el mundo de la comunicación y se ubicó bajo la órbita de los medios y los predicadores del PP y ahora no tiene quien le escriba ni quien le apoye en la dificultad. Y esa carencia le ha impedido explicar los problemas internos de su partido, o su negativa a pactar con Sánchez, el que si tiene una gran influencia entre los grandes medios de la comunicación.

Y tiene razón Pedro Sánchez cuando le acusa a Rivera de hablar solo de ETA, Venezuela y aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, cuando ahora no se dan las circunstancias legales para ello. Como lo hizo Rivera en el debate de investidura con sus ocurrencias de la banda, el plan y la habitación del pánico, donde ahora está Rivera temeroso de un batacazo importante de Cs en los comicios del 10-N.

Dice Rivera que ‘hay que echar a Sánchez’. Pero Sánchez considera que será Rivera el que pierda el liderazgo de Cs si se estrella el 10-N entre la presión del PSOE y del PP.

Rivera tuvo su gran oportunidad cuando Cs lideraba las encuestas y pudo vetar los Presupuestos de Rajoy, provocando el adelanto electoral pero no lo vio y acabó apoyando al PP en la moción de censura y en pleno escándalo de la sentencia de Gürtel. Pero Rivera no es buen estratega ni tiene quien le aconseje o quien le escriba un buen discurso político, lo que buena falta le hace y le hará si sobrevive a la tormenta del 10-N que está al llegar.