Nadal, primer caballero andante

Preguntaba en agosto un señorito soberanista catalán, que veranea en la hermosa Andalucía de la que se quieren separar, tres razones para que Cataluña no avance hacia la independencia. La respuesta sería interminable pero su interlocutor le ofreció tres argumentos fáciles de entender para cualquier persona razonable y de bien: ‘El Museo del Prado, La Biblioteca Nacional y Rafael Nadal’.

Nadal ha vivido ayer en la pista Arthur Ashe del Open USA otra de sus inagotables aventuras de la caballería andante y deportiva, y esta vez frente a un gigantón ruso llamado Danilo Medvedev. El que a buen seguro y gracias a un mágico encantamiento ocultaba su verdadera identidad de Malandrín eléctrico de una raqueta que movía como un látigo ante el espanto de Rocinante, pero que finalmente fue abatido por Rafael Nadal.

La final de Flushing Meadows, que le otorga al tenista español su 19 Gran Slam, a tan solo uno del no menos admirable caballero Roger Federer –descendiente de Amadís de Gaula-, fue tocada por la épica y es imposible de describir porque lo que ocurrió en esa pista central fue mÁs que un duelo deportivo un combate de titanes, al cual mejor.

Parecía una batalla por la supervivencia más que por la victoria en la que la fuerza mental y la fe en si mismo de nuestro caballero andante Rafael Nadal acabaron por imponerse al correcaminos ruso, un joven de 23 años que llegará muy lejos cuando el trío del momento, Federer, Nadal y Djokovic, cedan el paso a otra nueva generación que en todo caso nunca los igualará.

En Madrid, a las tres de la madrugada del lunes 9 de septiembre de año 2019 del Señor, había en muchas casas ventanas con las encendidas, como si hubieran llegado los Reyes Magos. Pero el mago que mantenía en vilo a España -y a medio mundo- no era otro que Rafael Nadal que alcanzó la victoria en un quinto y dramático set de un partido de cuatro horas y cincuenta minutos que Nadal calificó de ‘agónico’ y que en la Historia de tenis mundial ya está.

En España alguien o alguna institución debería crear la Orden de los Caballeros Andantes, en el honor y el recuerdo de nuestro señor Don Quijote de la Mancha y de su creador Miguel de Cervantes. Y el primer Caballero en recibir tal honor y galardón debería ser Rafael Nadal. Y no solo por sus hazañas deportivas sino por su cualidad humana, su buen hacer y decir y su enorme generosidad.

Estábamos en España tomando café de madrugada, agitando amuletos, rezando a todos los Dioses del Olimpo y hastiados de esta clase política que es incapaz de construir un gobierno y dar estabilidad al país. Y, ya puestos en esa tesitura deprimente, en la madrugada del Open USA de Nueva York muchos clamaban al cielo diciendo: ‘Solo nos faltaba ahora que pierda Nadal’.

Pero Nadal no perdió ni defraudó. Ganó los dos primeros sets con gran esfuerzo, sufrió en el tercer y cuatro set dos dolorosas derrotas y, al final, en el tercer set y en la tercera bola de partido -‘a la tercera va la vencida’- el gigante ruso, que movía su raqueta como las aspas de un molino de viento, se derrumbó a los pies de nuestro Caballero Rafael Nadal, que lloraba como un niño, sabedor del sufrimiento que soportó para lograr su gesta camino del liderazgo absoluto del tenis mundial.