Pablo Iglesias está de los nervios.

Y sobrados motivos tiene el líder de Podemos para exhibir su nerviosismo y malestar porque ve que se le escapa la posibilidad de colocar a su partido en un Gobierno de coalición con el PSOE, y porque fue él quien tiró por la borda esa oportunidad el pasado 25 de julio cuando rechazó la última oferta que le hizo el PSOE.

Y ahora, dándose una importancia que ya no tiene, Iglesias afirma que no aceptará el ‘trágala’ del Gobierno en solitario del PSOE a la portuguesa. Lo que está por ver porque, por mucho que diga Echenique que Podemos no perdería votos en unas elecciones repetidas el 10 de noviembre, Iglesias sabe que eso no es verdad.

Lo que quizás no sabe Iglesias es que Pedro Sánchez, en este momento de crisis internacional y nacional, ya solo piensa en las elecciones y ni siquiera busca el gobierno a la portuguesa porque quedaría convertido en un rehén de Podemos y ERC con un programa de gobierno económico y social que nada ayudará a España para el riesgo de recesión que se anuncia en la UE.

De manera que Iglesias no solo ha perdido el tren de la coalición sino que puede que también el tren del modelo portugués, y no habrá más salida que la repetición electoral. Salvo un pacto de última hora y de urgencia entre el PSOE y el PP, una vez que Cs permanece al margen de todo y su líder Albert Rivera sigue de vacaciones con Malú.

Pero lo peor para Iglesias no será la repetición electoral sino que un mal resultado de Podemos en esas elecciones le deberá costar la cabeza como secretario general de su partido. Lo que él arreglaría colocando a Irene Montero en su lugar, para que todo quede en familia. Como también lo pretendió cuando propuso a su compañera para vicepresidenta de ese fantasmal gobierno de coalición que Iglesias despreció.