Gigantes y Cabezudos

A la Semana Grande de San Sebastián, entre Gigantes y Cabezudos, se fue Pepe Oneto a disfrutar del mar azul y tenue brisa de la playa de La Concha para desde allí y subido a la cumbre del monte Igueldo otear el horizonte del poder central de España que se cuece a fuego lento sobre el caliente asfalto de un vacío e inhóspito Madrid.

La capital del Reino de España en cuya Puerta del Sol entrará este lunes que se acerca Isabel Ayuso en su carroza dorada de presidenta de la Comunidad de Madrid, como la mismísima Cleopatra entró en Roma, bajo una lluvia de pétalos y vítores, en este caso de la turba conservadora del PP.

Mientras, José María Aznar observa desde su atalaya de FAES el triunfo de su pupila Ayuso sobre la que los escribas de la Fundación han subrayado, sin pestañear ‘su nervio parlamentario y sentido político’ (sic), como si la doña fuera la digna sucesora de don Emilio Castelar.

Las comparsas de Cádiz, que bien conoce Oneto, son cosa muy distinta a las comparsas donostiarras donde las bandas de música y los uniformes de gala y estruendo tienen un ritmo más austero y marcial. Pero sin la acerada y certera sátira de las chirigotas de la ciudad del Kichi, desde cuyo malecón y en los días de agua clara, de un azul más tenue que el de La Concha, se ven los restos majestuosos e imperiales de la Atlántida.

‘Gigantes y Cabezudos’, como bien sabe nuestro querido Placido Domingo, es una zarzuela del maestro Echegaray ambientada en las fiestas del Pilar. Y en cierta manera, también, estos muñecos de tela y cartón son una alegoría de la fallida política española donde los pretendidos Gigantes no lo son y los Cabezudos son más bien unos obstinados cabezones, cada uno sentado en su rincón e incapaces de dialogar y de llegar a los acuerdos en pos del buen gobierno y de la estabilidad.

Dice Oneto desde el Igueldo que nada nuevo, salvo la boina de la polución del cara palo de Almeida y de la Gradisca ‘feliniana’ de Villacís, se observa sobre el cielo de Madrid.

Por lo que mucho nos tememos que Casado y su Cleopatra, Rivera y su Malú, Sánchez y su Falcón, Abascal y su caballo, e Iglesias y su mamá Irene se han tomado muy en serio el tiempo vacacional y le han dicho al pueblo llano y español, sobre el bloqueo de la política, que todavía hay que esperar un poco más.

‘Hasta el último minuto’ como dice José Luis Ábalos con su aspecto orondo de obispo del Palmar abriendo los brazos con a la Humanidad y dando a entender a los paisanos de este país que todavía nos queda mucha tela que cortar. O sea, Pepe Oneto, no te muevas de San Sebastián porque los ‘Idus’ del otoño que se anuncian traicioneros todavía no han dado la cara y nadie sabe cuándo ni por donde estallarán.