El chiste y ‘la convivencia’ como excusas políticas

Ha dicho el secretario de Organización del PSOE, José Luís Ábalos, que la propuesta del secretario general del PP, Teodoro García Egea, de gobierno de PP y Cs con la abstención del PSOE ‘es un chiste’. No es verdad, esa propuesta es viable y legítima como los intentos -hasta ahora fallidos- de investidura de Pedro Sánchez.

Un chiste y de mal gusto es un Gobierno de Sánchez con la colaboración de Iglesias, Otegi y Junqueras, como el que pretendió el pasado día 25 de julio en la votación fallida de la investidura a sabiendas de que Podemos dice que en España hay ‘presos y exiliados políticos’, que Bildu anuncia 250 homenajes a los presos de ETA que salgan de la cárcel y que ERC fue, con Junqueras a la cabeza, el partido que organizó y perpetró el golpe de Estado catalán del 27-O de 2017.

Lo más grave de esta situación y las amistades peligrosas y enemigas de España de Pedro Sánchez es el silencio atronador del PSOE frente a la deriva temeraria y rupturista de su secretario general con el solo argumento de su ambición personal.

El mismo Sánchez que decía que no existía alternativa a su investidura y que ahora se encuentra con una propuesta alterna del PP que califican de chiste. Sabiendo el PSOE que también existe otra propuesta alternativa al famoso gobierno Frankenstein de Pedro Sánchez: que los socialistas presenten otro candidato de muy firmes convicciones democráticas y constitucionales para pactar con Cs y PP.

Lo que acaba de ocurrir en Navarra con la investidura de la socialista María Chivite con la imprescindible abstención de Bildu (desde donde le advierten que ‘no olvide que es presidenta gracias a ellos’) es otro chiste de pésimo gusto y contrario a los intereses generales de Navarra y de España.

Y tanto Chivite como Sánchez anteponen su ambición personal al interés general de Navarra (que sus socios de PNV y Bildu quieren incorporar al País Vasco) y de España con estos duros pactos ‘contra natura’ constitucional y democrática y con el falaz argumento de ‘la convivencia’.

El que ya utilizó Sánchez con Torra para justificar sus extrañas relaciones en La Moncloa y Pedralbes y el que Sánchez volverá a exhibir cuando decida -si logra la investidura con Podemos, Bildu y ERC- para así conceder indultos a los golpistas que resulten condenados en el juicio del Tribunal Supremo.

En el Pais Vasco y en Cataluña no hay problemas de ‘convivencia’ sino de legalidad. Porque los homenajes en Euskadi a los etarras que salen de la cárcel son ‘apología del terrorismo’, y porque en Cataluña se viola a diario la legalidad incluso desde la presidencia de la Generalitat.

Cuidado pues con los chistes de mal gusto y con relativizar la legalidad constitucional porque ese es un mal camino que acabará muy mal.