Iván Redondo, Vicepresidente del Gobierno

Decía Adolfo Suárez: ‘hay que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal’. Pues eso mismo tiene que hacer Pedro Sánchez con su asesor jefe de Gabinete Iván Redondo, nombrándolo Vicepresidente primero del Gobierno cargo que sin duda merece, y que ya y en cierta manera ejerce.

Y en este caso en sustitución de Carmen Calvo, que está cansada, y a la que convendría nombrar embajadora de España en el Vaticano para que la cordobesa luzca mantilla y peineta de carey y aprenda allí las enseñanzas y las sutilezas de la eterna diplomacia vaticana.

Porque ella, Carmen, ‘manca fineza’ y no habla con la propiedad que a veces requieren los acontecimientos porque, por ejemplo, no se dice ‘en lo alto de la mesa’ -como ella repite tan campante- sino ‘encima de la mesa’.

Al bueno de Ivan Redondo se le imputan todas las intrigas buenas u malas del poder y entre ellas la de que Ivan se opone al pacto de Gobierno de Sánchez con Iglesias porque prefiere segundas elecciones generales el 10 de noviembre, lo que no es verdad. Y lo que van diciendo lenguas de doble filo de navajas cachicuernas y egabrenses que están tiritando bajo el polvo del segundo despacho del Palacio de La Moncloa.

Parece que Calvo no quería ver ni en pintura a Redondo en los pasillos de la negociación con Podemos, pero al final el donostiarra le ganó la partida y ha sido decisivo en la estrategia política y mediática de esa batalla campal.

Lo que demuestra que Pedro Sanchez confía en su astucia y criterio. Y por ello invito Redondo a participar en la reunión de urgencia que se celebró en el despacho presidencial del Congreso de los Diputados, nada más terminar el tenso y agrio debate de la investidura y la primera y fallida votación.

Iván Redondo debería, y bien merece, ser el primer Vicepresidente del Gobierno. Máxime si Irene Montero -la espía de Pablo Iglesias dentro del Gabinete- acaba sentada en el Consejo de Ministros e intenta dominar la situación, como esta ‘matahari’ ha dominado el poder en Podemos, tras liquidar a Tania primero y después a Errejón.

Aunque lo mejor para Iván Redondo (y también para su merecido descanso y economía personal) sería dejar de lado la política y organizar en España un buen gabinete de consultoría, comunicación y estrategia, con el que se haría de oro, tanto en el ámbito político como en el empresarial.

Pero Ivan también ha mordido la manzana del poder y ademas es leal y buen amigo de Pedro Sánchez. Al que, dicho sea de paso, lo debería de modular limándole las asperezas y la agresividad. Dos defectos de su líder que son impropios de quien está en el poder y propios de quien anda buscándolo en pos de la notoriedad y desde la Oposición.

Pero ya sabemos que a Sánchez le puede el carácter. Y que vive, con aires crecientes de antipático, en un sin vivir de constante tensión en este país agotador llamado España.

Y donde el pentapartito (el PSOE también) se ha metido en un imposible laberinto por donde deambulan perdidos todos los dirigentes políticos sin encontrar la buena salida y sin encontrarse entre ellos mismos en pos de un acuerdo nacional y común.

Puede que para Sanchez Redondo le sea más útil donde está que dentro del Consejo de Ministros, salvo que funcione lo del Gobierno de coalición, dado que en ese caso las replicas a Montero y Echenique (compañera y el ‘mano de Rey’ de Iglesias), no debe darlas en el Consejo de Ministros el Presidente sino el Vicepresidente.

Y Calvo, dicho está, ‘manca fineza’ y además le cuesta hablar con precisión y propiedad. Además Elsa Arcadi le coló un ‘relator’ por la escuadra y eso no se debe olvidar.