Casado superó a Rivera

Buen discurso político del líder de la Oposición, Pablo Casado, frente al programa frío y tecnocrático de Pedro Sánchez como candidato para presidir el Gobierno y en el que no explicó (y luego se supo el porqué) cómo iban -de mal- sus negociaciones con Podemos y sin decir una sola palabra sobre el problema catalán.

El que posteriormente Sánchez redujo a una ‘cuestión política’ mientras que Casado lo definió con acierto como un problema de legalidad, a lo largo de una intervención moderada en el tono, aunque le dijo a Sánchez que no era ‘de fiar’, lo que irritó al candidato a la investidura.

“Los adversarios no podemos convertirnos en sus súbditos”, le dijo Casado a Sánchez negándole la abstención del PP a su investidura y añadiendo: “no se puede exigir todo a todos, a cambio de nada”. Que es lo que hizo ayer Sánchez en el debate de investidura frente a Casado, Rivera e Iglesias y sin éxito alguno.

Pero en el debate de investidura no sólo estaba en cuestión el duelo entre Sánchez y la Oposición sino también la batalla entre Pablo Casado y Albert Rivera, porque el líder de Cs pretendía presentarse en la Cámara como líder opositor y fracasó.

Y por muchas razones y en primer lugar porque Casado hizo un discurso político -y de memoria- con buenos modales y eficacia, mientras Rivera, que sí llevaba escrita su intervención, no hizo un discurso político sino de toda clase de reproches y con reiterado victimismo a propósito de los incidentes que sufrió Cs en las manifestaciones del Orgullo y del feminismo, lo que ya habían denunciado hasta la saciedad semanas atrás.

Y porque en Cs no hay nadie que sepa escribir un discurso político de altura sin caer en las ocurrencias, como las del ‘plan Sánchez’ o ‘la habitación del pánico’ que a Rivera le parecieron ingeniosas, que repitió en exceso y que carecía de verdadero contenido político e interés para la investidura.

Mejor estuvo Rivera, aunque siempre con acritud, cuando habló de igualdad desde su óptica liberal y de Cataluña desde su posición constitucional.

Y muy mal estuvo Sánchez frente a Casado y Rivera cuando, indignado por no haber conseguido sus abstenciones en la investidura, se entrometió en la vida interna del PP y Cs, recordando a Casado que no obtuvo diputados en el País Vasco, y a Rivera que han dimitido varios de sus dirigentes.

Unos modales estos de Sánchez de todo punto inaceptables que venían a confirmar el mal genio del que hizo gala en el día de ayer por culpa de sus tensiones con Iglesias. El que, desde la izquierda, hizo un excelente discurso lleno de claridad y verdad. Y que sacó a Sánchez de sus casillas para dejarlo en evidencia ante toda la izquierda y ante España, en general.