Irene Montero, la Reina del Mambo

Si Irene Montero acaba convertida en la Vicepresidenta del Gobierno de España habrá que quitarse a su paso el sombrero, porque la fulgurante carrera política de Montero, a la sombra de Iglesias, es digna de estudio y admiración al tiempo que revela una importante e imparable ambición.

Comenzó desbancando a Tania Sánchez en la relación personal con Iglesias y desde ahí inició su ascenso implacable empezando por la caza y expulsión de Iñigo Errejón a quien acabó sustituyendo como número dos de Podemos y como portavoz en el Congreso de los Diputados. Luego cambio el apellido del partido para llamarlo ‘Unidas Podemos’. Y ahora, cuando se preparaba para secretaria general de Podemos en sustitución de Iglesias, se dispone a desbancar a su amor en el Consejo de Ministros.

Después de imponer ella lo del chalé de Galapagar y de ampliar la familia con dos mellizos y una niña en camino de buena esperanza, Montero puede llegar a la vicepresidencia del Gobierno que en principio parecía ser el lugar que le correspondía a Iglesias.

Pero gracias al veto de Sánchez y a la renuncia de Iglesias, su compañero del alma, a entrar en el Gobierno, ‘para salvar -dice- la coalición’ es en ella en la que puede recaer tamaño honor.

Y no sería nada de extrañar que en las noches de Galapagar Irene le haya dicho a Pablo: “Lo siento, cariño, pero tienes que dar un paso atrás por el bien del partido y de la izquierda porque si hay repetición electoral nos van a machacar. Y si tú quieres yo te representaré en el Consejo de Ministros como si tú mismo estuvieras allí”.

Nada de eso de “contigo pan y cebolla” o lo de “si tú no entras en el Consejo de Ministros yo tampoco iré, que vayan otros compañeros”.

No, nada de eso, la señora Montero (a la que mucho le gusta vestir bien y ponerse más guapa, porque guapa ya es) se ve en el coche oficial de la Vicepresidencia del Gobierno camino del Palacio de La Moncloa para participar en el Consejo de Ministros.

Mientras Pablo preparará la comida y se quedará al cuidado de los pequeños, lo que hace muy bien después del largo cursillo que hizo durante su notorio permiso de paternidad.

Y cabe imaginarse que ese viernes en Galapagar y a la hora del vermú en la piscina del chalé Pablo le preguntará a Irene: “¿qué tal ha ido el Consejo?” Y ella responderá: “Regular, pero no me pidas detalles porque estoy sometida al mandato del secreto oficial”.

Irene Montero puede acabar convertida en la Reina del Mambo del vigente momento político español. Y a buen seguro que se lo ha ganado a pulso con empeño y dedicación.