Iglesias, mártir de la investidura

‘Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir’. No ha sido víctima de una vil puñalada en la espalda curvada -media chepa- del santo profeta de la izquierda populista y podemita. Ha sido más bien un disparo de trabuco a bocajarro del jefe de los Migueletes, en mitad del alma y cuando el santo profeta imploraba comprensión y menos se lo esperaba.

Habían pasado dos meses y medio desde las elecciones del 28-A, habían celebrado cinco reuniones en La Moncloa y aunque el profeta de la larga melena -hasta la cintura casi le llega el pelo- se temía lo peor, siempre le quedó un hilo de esperanza para convertir en realidad su sueño dorado de la infancia: ser nombrado vicepresidente del Gobierno de España.

Pero el encanto se esfumó en la mañana de ayer durante la Ejecutiva del PSOE donde el presidente en funciones Pedro Sánchez declaró, ‘urbi et orbi’, que no quiere a Iglesias en su Gobierno y que ese, y no otro, era ‘el único escollo que aún bloqueaba su investidura’.

‘Bien dicho, bien, bravo, muy bien’ decían sonrientes y casi emocionados los más altos poderosos del mundo financiero y empresarial de este país en el funeral de Emilio Ybarra.

El banquero fallecido al que, por fin, el diario ABC le ha hecho el homenaje que nunca se atrevió a hacerle en vida por temor a ese enorme presunto delincuente y mal encarado personaje que se llama Francisco González. El amigo y contratador, a través de BBVA, de las andanzas y las aventuras delictivas del inefable Comisario Villarejo.

¡Pobre Pablo! Caído de bruces en el suelo a manos de ¡Pedro el cruel! Que le pregunte Iglesias a Rajoy lo que le pasó en el debate electoral televisado ante toda España cuando Pedro le dijo a Mariano: “Usted no es una persona decente”. Y Rajoy, fuera de sí, respondió desarbolado: “Usted es ¡un Ruiz, digo, un ruin!”

Eso mismo pensará ahora el mártir Iglesias de Sánchez: “Es un ruin, al que yo especialmente y Podemos hemos llevado a hombros a la presidencia del Gobierno durante la moción de censura, y desde ese promontorio de poder me acaba de fulminar, presentándome ante toda España y ante toda Europa como un apestado”.

‘Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir’. Y de nada le servirá al profeta de la larga melena el consuelo de sus bases que, con un 70 % de los votos emitidos en su consulta, exigían la entrada de Iglesias en el Gobierno de España y bajo el palio de la vicepresidencia, ahora que parece que doña Carmen Calvo será nombrada embajadora en el Vaticano, creemos que a petición del Papa Francisco que acaba de darle un tirón de orejas al Nuncio Fratini.

Sánchez ha cruzado el Rubicón y ya no se puede desdecir. De manera que ahora o Iglesias se humilla a sus pies y besa sus sandalias o ya no habrá investidura al menos hasta septiembre.

Y, en ese caso, los compungidos poderosos del dinero que lloraban entre canapés en el funeral de Ybarra, presionarán a Pablo Casado y Albert Rivera para que en septiembre le faciliten a Sánchez su investidura. Lo que ninguno de los dos querrá hacer.

Mientras, Iglesias, curadas sus heridas, cabalga de nuevo por la alta sierra en busca de justicia y de venganza y a la espera de la mejor ocasión para tender su la emboscada, cerca de Benamejí, a su matador.

Y si otra vez, en marzo de 2016 Iglesias derramó un saco de cal viva de los GAL del felipismo ante la bancada socialista del Congreso para justificar el ‘no’ de Podemos a la primera sesión de investidura de Sánchez, esta vez Iglesias, profeta y mártir, no va a necesitar argumentos ni excusas para votar que ‘no’. Porque el veto personal que le ha impuesto Sánchez es de por sí una suficiente explicación.

‘Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir’ y otras iguales se oyeron en el Manzanares de Madrid. ¿Sobre el mismo muerto o sobre otro que está al venir? Tendremos que esperar al 23 de septiembre, pero de aquí a esa fecha cualquier cosa puede ocurrir.