Iglesias sin coleta, con chaqueta y corbata para ser ministro

Al ritmo que van los acontecimientos de la investidura pronto vamos a saber que Pedro Sánchez le exigirá a Pablo Iglesias cortarse la coleta y ponerse chaqueta y corbata si quiere entrar en el Gobierno de España. De manera que ya puede Iglesias acudir al sastre y al peluquero si pretende sentarse en el Consejo de Ministros porque a Sánchez se le están acabando las excusas para decirle que ‘no’.

Y como da la impresión que Iglesias está dispuesto a todo con tal de ser ministro pues a lo mejor se corta el pelo y se compra un par de trajes y unas corbatas -que le elegirá Irene Montero- para entrar más bonito que un San Luis en el Consejo de Ministros de España y también en los Consejos de la UE, en los que Iglesias también podrá participar.

Ya se lo dijo hace meses a Pablo su madre doña Luisa: ‘hijo mío ponte una chaqueta’. Y en varias ocasiones Iglesias le hizo caso pero como el hombre no tiene costumbre se compró un par de chaquetas bastante feas que no le abrochan. Y aunque en algo atenúan su aspecto tampoco acaba de mejorar su imagen que sigue siendo la de un descamisado a pesar de que vive en un lujoso chalé.

Y estas cosas que parecen superficiales tienen su importancia y deben de estar en coherencia con la dignidad del cargo que se pretende ocupar. Y no sería muy adecuado, si Iglesias consigue su sueño de la vicepresidencia del Gobierno, ver llegar a un acto público al vicepresidente del Gobierno de España en su coche oficial -ya no podría ir en taxi, aunque sólo fuera por cuestiones de seguridad- y que de él saliera un vicepresidente sin chaqueta, con pantalones vaqueros, camisa abierta, las mangas recogidas y con unas zapatillas deportivas.

Al ex ministro de Francia Jacques Lang le gastaron una broma radiofónica en la que un presunto colaborador del ex primer ministro Beregovoy le dijo a Lang, a la sazón ministro de Cultura, que el primer ministro pretendía hacerlo ministro de Exteriores pero que en ese caso Lang tendría que cambiar su manera informal de vestir para adaptarse al protocolo diplomático del Quay D’Orsay. A lo que Lang le respondió sin pestañear: ‘sin problemas cambiaré mi vestuario a la mayor celeridad’.

Pues algo así deberá de hacer Iglesias si accede al corazón del poder. Esas son las servidumbres del cargo que pretende ostentar. Y a lo mejor se podrá librar de la corbata y recortarse un poco la coleta pero no podrá mantener su aspecto actual.