El sentido común de Iglesias y el ridículo de Batet

La excelentísima señora presidenta del Congreso de los Diputados doña Meritxell Batet ha dado tratamiento de ‘excelentísimos’ a los diputados golpistas y muy presuntos delincuentes Junqueras, Sánchez, Turrull y Rull, al comunicar que la Mesa del Congreso había acordado su suspensión como parlamentarios y miembros del Congreso.

Con el tratamiento, innecesario, de ‘excelentísimos’, Batet ha querido hacer otro gesto de reconocimiento a sus amigos procesados y en prisión de ERC y JxCat. Lo que siendo legítimo no deja de ser ridículo y llamativo. Pero a partir de ahora cualquier diputado del Congreso de los Diputados, al que se dirija la presidenta Batet, podrá exigir a la catalana que le ofrezca el mismo tratamiento de cortesía que ayer ofreció a los golpistas. Llamando a todos ‘excelentísimo señor diputado don …’.

Batet no tiene sentido de la democracia ni del ridículo. De igual manera que Pablo Iglesias no sabe lo que es el ‘sentido común’ cuando afirma que su pretendida presencia en el Gobierno de Sánchez es de ‘sentido común’.

Porque conociendo al personaje cabría decir lo contrario: que ‘no tiene sentido’ incorporar a Iglesias, ni a otros dirigentes de Podemos a un Gobierno del PSOE. Sobre todo porque Iglesias y los suyos están en contra de la Democracia y del Estado de Derecho en España, como se demuestra cuando afirman que en nuestro país ‘hay presos y exiliados políticos’.

Lo que además de falso es un desprecio a las instituciones españolas y la negación de la legalidad. Si a ello añadimos que Iglesias y Podemos están a favor de un referéndum de autodeterminación en Cataluña -y en todas las regiones de España- para dinamitar el Estado, que defienden la concesión de indultos a los golpistas y critican la Unión Europea, veremos que ‘de sentido común’ sería que no entraran en el Gobierno de España.

Pero Iglesias estará en el Gobierno por imperativo de sus 42 escaños que necesita Sánchez para lograr su investidura y por nada mas. Y caro le saldrá a Sánchez ese pacto que nunca el PSOE, con Felipe González o con José Luís R. Zapatero, aceptó con el PCE o con Izquierda Unida. Un pacto que Sánchez se tragará tras haber intentado convencer a Iglesias de un acuerdo a la portuguesa, con gobierno en minoría del PSOE y pactos programáticos con la izquierda radical.

Esa ‘limosna política’ ya se la dio Iglesias a Sánchez durante la moción de censura, pero en la investidura quiere cobrar su aportación en escaños (el 30 % de la mayoría). Y en esto a Iglesias le asiste toda la razón. Y está en su derecho y lo va a conseguir porque Sánchez no tiene más alternativa que no sea la repetición electoral. Lo que vendría mal a Podemos (y al PP) pero lo que pondría en riesgo la actual mayoría del PSOE, y el poder en España es mucho poder.

Iglesias está en su derecho, por los escaños que aporta a la investidura de Sánchez de entrar en el Gobierno. Y Santiago Abascal también tendrá su derecho a exigir al PP y Cs presencia en aquellos gobiernos autonómicos y municipales en los que sean necesarios los votos de Vox.

Lo de Andalucía fue un caso excepcional donde Vox aceptó estar fuera, para desbancar al PSOE del poder después de 40 años de ocupación. Pero ahora que se despidan Casado y Rivera de pretender que Vox se quede fuera de los gobiernos donde sus votos sean decisivos porque no lo van a aceptar, incluso si su negativa favorece a gobiernos de la izquierda.

Además si eso ocurre la responsabilidad no será de quien exige una justa compensación a su proporcional aporte de escaños o concejales, sino que la responsabilidad será de quien vete en la derecha a Vox y en la izquierda a Podemos. Y en esto nada tiene que ver ‘el sentido común’ al que alude Iglesias, sino la simple aritmética política para el logro de las mayorías con las que se podrá gobernar.