Un trono para Bran Stark, el tullido

Acaba la espléndida serie de Juego de Tronos sobre el relato original y apasionante de George R. R. Martin, espectacularmente llevado a las pantallas de la televisión de todo el mundo con el suspense y las pasiones propias de las luchas de poder entre siete fantásticos reinos.

Una serie magistral pero con un final tan espectacular en escenas y diálogos como inmerecido por forzado y muy alejado de la lógica del relato. Sobre todo porque los guionistas han impuesto en los últimos tres capítulos de la serie un vuelco completo a la secuencia y lógica del guión para sorprender y cerrar la serie con un sobresalto inesperado donde la que parecía encarnar el bien acaba convirtiéndose en el peor de los males.

Los guionistas de Juego de Tronos en los últimos tres capítulos rompieron con el ‘realismo mágico’ de la serie y provocaron un muy forzado final que ha provocado frustración en muchos de sus seguidores, sin lograr con ello un veredicto unánime ni siquiera aclamado por una mayoría de seguidores compacta y entusiasta.

En el antepenúltimo capítulo el ejército de los muertos vivientes del hielo ganan la guerra de Invernalia y cuando todo parece perdido la jovencita y principesca Arya Stark pega un salto, clava un puñal en el costado de cristal del demonio jefe de los muertos del hielo y, por arte de magia, desaparece el todo ejército del hielo infernal.

En el penúltimo capítulo y una vez recuperada de la derrota de Invernalia, la reina Daenerys regresa a la ciudad donde habita su competidora la reina Cercei fuertemente atrincherada en su castillo y defendida por la flota de su amante. Y entonces Daenerys con su último dragón arrasa ella sola la flota enemiga y las defensas del castillo, y presa de una furia inexplicable no oye las campanas de la rendición y destruye, con gran crueldad, toda la ciudad causando una gigantesca masacre de inocentes.

O sea la jovencita Arya liquida ella sola el ejército de los muertos vivientes del hielo, y la reina Daenerys, sola también, mata a todos sus adversarios con un solo dragón. Lo que prueba que los guionistas que no sabían como salir de los complicados embrollos que habían creado, se liaron la manta a la cabeza y con solo dos protagonistas y en dos capítulos arrasaron a enormes ejércitos para despejar y preparar el desenlace final.

Un estrambote donde el astuto enano Tyrion toma el mando, invita a Jon Nieve a matar a su amor y su reina Daenerys por su crueldad, y a la que apuñala Nieve mientras la besa al pie del trono de hierro. El que el dragón funde con su fuego poderoso antes de llevarse el cadáver de su reina hacia no se sabe donde.

Tyrion propone al tullido Bran Star, que todo lo sabe, como Rey de los Seis Reinos y a su hermana Sansa le deja el trono de Invernalia, mientras la joven Arya se va hacia lejanos mares y John Nieve marcha desterrado al Castillo Negro donde pasará el resto de sus días.

Sin duda un asombroso final de entre los muchos que pudo tener la serie. Un final forzado a base de aumentar en los dos últimos capítulos la crueldad de la reina Daenerys, apuñalada por su amor Jon Nieve. El que sin ambición de Rey era el auténtico heredero de los Siete Reinos. Que ahora, reducidos a seis, estarán bajo el mando absoluto, desde su silla de ruedas y sin posibles herederos, del joven tullido Bran Stark que recupera al pequeño Tyrion como el asesor real.

¿Habrá una segunda parte del Juego de Tronos? Parece que la habrá. Su éxito y el enorme negocio creado en torno a esta fantástica epopeya de las intrigas, guerras y pasiones, y abrirá pronto una gran segunda parte, en la que más de uno de los productores y de los guionistas afectados estará pensando ya.