Casado regresa al 21 de julio

Como en un sueño con ‘Flashback’ imaginamos a un Pablo Casado que inquieto y desconcertado por el desplome del PP camina entre la bruma a través del tiempo perdido en pos del día 21 de julio de 2018, en el que fue elegido Presidente del PP, tras derrotar a Soraya Sáenz de Santamaría y conseguir el 57 % de los votos de los compromisarios del Partido.

En ese momento Pedro Sánchez llevaba 50 días instalado en el Palacio de La Moncloa desde donde siguió con interés el naufragio final de Mariano Rajoy y de todo su equipo. Pero Sánchez nunca imaginó que Casado le iba a dar tantas alegrías por culpa de los errores que él había imputado a la ‘mala herencia’ de Rajoy.

Algo de eso hay pero el desplome del PP el 28-A y el que se espera el 26-M es sobre todo mérito exclusivo de Casado quien tras conocerse su victoria frente a Santamaría el 21-JL dijo: ‘hoy no ha perdido nadie ha ganado el PP’.

Pero a las pocas horas de haber dicho esto Casado, aconsejado por Aznar y Cospedal, inició una feroz caza de brujas contra altos cargos y exministros de Rajoy, liquidando a todo aquel que hubiera tenido especial relación con Rajoy para a partir de ahí sustituirlos por noveles aprendices de la política en el aparato, la dirección del Partido y en las listas electorales hoy plagadas de imberbes candidatos como se aprecia en la batalla de Madrid.

El desprecio al talento, la experiencia y la calidad del que hizo gala Casado nada más asumir la Presidencia del PP dio la talla de su nivel político y dejó al descubierto que el ‘perfil’ del que tanto hablaba, para expulsar a los que eran los mejores, coincidía con un escalón inferior a su propia calidad, lo que acabó con la excelencia y dio entrada a la insoportable levedad de una camada de nuevos dirigentes sin experiencia para liderar o gobernar.

Y como ejemplo un botón el número dos de Casado en las elecciones: el inefable y vividor de su apellido Adolfo Suárez Illana, inventor del modelo de aborto al estilo de Neanderthal y de post parto según una ley del Estado de Nueva York que nunca existió.

Pero sigamos con el sueño del regreso de Casado al 21 de julio de 2018, el día de su victoria en el PP. Imaginemos que a la mañana siguiente Casado decide convocar a su núcleo duro y, ante el asombro de todos, dice -en el sueño, se entiende-: ‘tenemos varios retos urgentes, debemos renovar y regenerar el PP, y tenemos que planificar desde ahora tres cuestiones de importancia: el que será nuestro programa político y electoral; los equipos de dirección y las citas electorales en ciernes: los comicios generales que Sánchez tendrá que convocar en fecha no lejana, así como las elecciones de Andalucía y las obligadas elecciones autonómicas, europeas y municipales del 26-M.’

Y añadió Casado: ‘para el programa político y las listas electorales debemos contar con los mejores dirigentes y gobernantes del PP. Sean o no sean del entorno de Mariano Rajoy. Nuestro discurso, a pesar de la competencia de Vox, será centrado, porque es en el centro de la política donde se ganan las elecciones y el poder. Y Cataluña será nuestra bandera nacional pero no la obsesión del PP. Nuestro primer objetivo consistirá en oír y preocuparnos de los problemas que más interesan a los españoles’.

Y dicho esto el núcleo duro de Casado comenzó a elaborar listas de los más importantes y expertos dirigentes y gobernantes del PP para integrarlos en un equipo directivo con peso, experiencia pero también joven e innovador. A la vez seleccionaron los nombres de quienes debían, desde ese momento, iniciar la redacción del programa político y electoral.

Al tiempo que desde ese momento se abriría un debate en la sede central del PP y con los más notorios barones regionales del Partido sobre listas electorales de prestigio y de futuros diputados de peso para los debates y Comisiones del Congreso de los Diputados.

Pero ahí se acaba el sueño o la sencilla y breve lección sobre cómo Casado debió poner en marcha el nuevo PP, en vez de poner en marcha y apretar, tontamente y en un abrir y cerrar de ojos, el botón de la autodestrucción del PP. La que ya está en marcha aunque todavía falta por ver si el 26-M aún se pueden salvar los muebles y Casado alcanza una tabla de salvación como lo sería el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Alguien dirá que, a toro pasado y tras el resultado del 28-A, es fácil detectar los errores de Casado. Pero no es verdad porque lo que aquí se ha contado sobre cómo reiniciar la nueva etapa de un partido político es algo sencillo y de simple sentido común: rodéate de los mejores, planifica, marca bien tus objetivos y ponte a trabajar desde la unidad. Pero Casado ni lo quiso y ni lo vio, y así les va.