Encuentro de Sánchez en la ‘tercera fase’

En la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba se concentraron todos los representantes de los principales partidos nacionales y de las instituciones del Estado, empezando por los Reyes de España. Esta unidad ha podido ser el último legado y aportación de Rubalcaba al consenso constitucional en un  tiempo de dificultades y cuando los puentes están rotos y el país está muy dividido y con serios problemas de estabilidad y unidad nacional.

Pero sobre todo cuando una endiablada aritmética parlamentaria impide imaginar la investidura del ganador de las elecciones, Pedro Sánchez, sin la presencia del populismo de Podemos que pone en duda la democracia y la Constitución (aunque lea alguno de sus artículos y oculte los importantes), porque Iglesias insiste en que en España hay ‘presos y exiliados políticos’, que significa que rechaza la legalidad y el Estado de Derecho.

Si a eso añadimos la necesidad o pretensión de Pedro Sánchez de sumar a su investidura al separatismo catalán, previo pago de indultos y de nuevas concesiones de soberanía nacional, veremos que el panorama es desolador.

Sánchez además carece de la posibilidad de pactar con PP y Cs tras haber incorporado el ‘modelo Frankenstein’ -así lo definió Rubalcaba- a la moción de censura contra Rajoy para llegar al poder.

El golpe de Estado catalán del 27-O de 2017 fue la primera fase de la gran crisis nacional. Luego llegó la moción de censura y ahora estamos a punto de entrar en la ‘tercera fase’ de la crisis. Y falta saber si el aparentemente y muy compungido Pedro Sánchez, por la muerte de Rubalcaba al que él mismo maltrató, ha visto en la capilla ardiente del Congreso alguna señal que le invite a pensar que su ambición de poder y de regreso a Moncloa no se puede consumar al precio que sea y por encima del interés general de España.

Perro mucho tememos que, quitado el luto, Sánchez volverá al camino de la ambición y hará y pagará a los populistas y separatistas lo que le pidan y les haga falta con tal de que le aprueben la investidura.

El otro camino sería su pública reflexión y rectificación afirmando que no va a ceder ni ante Iglesias ni ante Junqueras. Y que está decidido a regresar a la senda constitucional, abriendo un marco de negociación con PP y Cs en pos de un tiempo de cohesión y de estabilidad con soporte parlamentario completado por la Oposición para garantizar la gobernabilidad.

Pero eso es mucho pedir. Casi un milagro (de San Alfredo) y algo muy lejano a un personaje frío y mal encarado con sus adversarios de dentro y de fuera de su partido y de su Gobierno, como es Pedro Sánchez. El que está claro que no parece dispuesto a perder el espacio de poder que conquistó con su esfuerzo y mucho tesón en un duro renacer y que por nada de este mundo quiere perder.