Iglesias y Abascal, ¡bailad malditos!

Los poderes ‘bien pensantes’ económicos, sociales, políticos y militares (que de todo hay) no quieren por nada del mundo que los populismos de la izquierda (Podemos) y la derecha (Vox) entren en gobiernos importantes que en España pueden presidir PSOE, PP y Cs en los ámbitos nacional, local y autonómico.

Esos poderes, que naturalmente defienden sus intereses particulares y los de índole personal en muchos casos, se arrogan el interés nacional, el bien de España, El Progreso económico y social, la defensa de la Democracia y del proyecto de Europa.

Y a buen seguro que no les faltan razones ni argumentos importantes en sus discursos, pero esta ‘democracia exclusiva’ ante el populismo invasor tiene un serio problema en el caso español: que PP y Cs se declaran al día de hoy incompatibles con el PSOE de Pedro Sánchez, cuyo pecado original estuvo en la moción de censura con la que llegó al poder a hombros del populismo de Pablo Iglesias, del soberanismo Vasco de PNV y Bildu y del golpismo catalán de Puigdemont y Junqueras.

Y este precedente, y los muchos favores que Sánchez ya hizo al golpismo y la promesa de los indultos que subyace en sus discursos, hace que PP y Cs consideren que Sánchez no es de fiar y a este PSOE con ese líder tampoco.

Y a partir de ahí empieza la danza macabra de los partidos constitucionales con los malditos populistas. El PSOE con Podemos para la investidura de Sánchez y la formación del nuevo Gobierno donde Iglesias quiere entrar. Y PP y Cs con Vox para pactos autonómicos y locales, como podrían ser los de Madrid sí se dan los resultados que lo permitan.

Lo que no es justo y los populistas no lo van a consentir es que como pasó en la moción de censura y en la Junta de Andalucía, la sola animadversión al contrario sea argumento suficiente para convencer a Iglesias y Abascal de que se queden con las narices pegadas al escaparate de la pastelería del poder, mientras Sánchez, Casado y Rivera se dan un atracón de pasteles.

O sea, que se obligue desde PSOE, PP y Cs a Iglesias y Abascal a danzar por su cuenta y fuera de los palacios mientras los señores, tan queridos por los ‘bien pensantes’, se reparten las poltronas del poder.

Pero esta vez hay que ver qué ocurre en los comicios del 26-M porque todo apunta a que Iglesias y Abascal no van a ceder, entre otras cosas porque se juegan su supervivencia y razón de ser. Y porque el poder los legitimaría de una vez por todas ante el conjunto de la sociedad como por ejemplo ya ha ocurrido en Italia donde los populismos de izquierda y derecha pactaron para tener y repartirse el grueso del poder.

De manera que mucho cuidado con los pactos que se avecinan porque no serán nada fáciles de cuadrar, salvo que a algunos de los protagonistas (PP y Podemos) les preocupe y mucho una repetición electoral.