Iglesias, ministro o retirada

Salvo milagro de recuperación electoral de Podemos en los comicios del 26-M todo apunta a que Pablo Iglesias renunciará después de estas elecciones a la secretaría general de Podemos, en el beneficio de su compañera Irene Montero. Y entonces ¿Qué hará Iglesias? 

Pues bien puede quedar como el portavoz de su Partido en el Congreso, o se retirará a su casa famosa de Galapagar, desde donde controlará UP con su mando a distancia. Pero lo que más desea Iglesias y está luchando por ello es ser Vicepresidente o ministro de Pedro Sánchez en una coalición de Gobierno del PSOE con Podemos, apoyada desde fuera por el PNV y ERC. 

El batacazo del PP en las elecciones del 28-A ha dejado en un segundo plano los pésimos resultados de Podemos y las malas perspectivas que tienen de cara a los comicios variados del 26-M. Pero la realidad es que Podemos no es sombra de lo que fue y además en esta ocasión tiene en peligro las grandes alcaldías de las que tanto presumió en Barcelona y Madrid. 

Y por si algo le faltara a Pablo Iglesias le espera en la Comunidad de Madrid un combate fratricida con Íñigo Errejón. Mientras que en sus ‘confluencias’ crece la tendencia cada vez mayor a su distanciamiento del liderazgo del partido en Madrid, en justa coincidencia con la política territorial que exhibe Podemos promocionando por doquier referéndums de autodeterminación. 

Iglesias presume de astucia, de ser un zorro, o la zorra en el gallinero de la política española y algo de cierto hay en todo ello. En los debates Iglesias salió airoso porque escondió su agresividad izquierdista y sus modales de furia y se presentó, sin pudor alguno, ante los electores como un santo y humilde profeta que va leyendo, cuál copla de ciego por las esquinas, los artículos de la Constitución. 

Iglesias, como los zorros en apuros, se ‘hizo el muerto’ para frenar la caída en picado de Podemos y cuando acabaron los debates se levantó con aires de pretendido estadista y ahora tiene una de las llaves, las otras están en las manos de Rivera, Casado y Junqueras, que abren la puerta del salón del trono de La Moncloa. 

Pero Sánchez no quiere a Iglesias en su Gobierno, no se fía de él y teme el que dirán y harán los poderes económicos y las Instituciones de la UE. Para Sánchez la presencia de Iglesias en el Gobierno es y será su última bala, la ‘bala de plata’, para seguir en el poder. Porque Iglesias no le firmará, por nada del mundo, un cheque en blanco a Pedro Sánchez para gobernar. 

¿Para cuándo el desenlace del presente y futuro de Iglesias? Pues para después del 26-M, que será el momento de la negociación esencial del pacto de la investidura del nuevo presidente español. Mientras tanto y en la campaña en curso y en el nombre de la izquierda Iglesias presionará.