Campanadas a medianoche del 28-A

Dice Albert Rivera desde una euforia renovada, tras los debates ‘a cuatro’ de los que se dice ganador que, en, la noche del 28-A, Cs ‘dará la campanada’. Veremos que pasa, pero ayer sonaron los cuartos de las uvas madrileñas en el carrillón de la Puerta del Sol de Madrid para anunciar que el expresidente Ángel Garrido se pasa a la lista de Cs de la Comunidad (en el ¡puesto trece!) y abandona el ‘cuarto’ lugar de la lista del PP al Parlamento Europeo.

Quedan 48 horas para que concluya esta agotadora campaña electoral y salvo sorpresa o incidente de último momento todo apunta a que, como se suele decir, ‘el pescado está vendido’. Y los famosos indecisos ya habrán cruzado el umbral de su decisión entre un partido y la abstención.

En este final de campaña hemos visto a un Sánchez envarado y tenso; a un Iglesias convertido al budismo y la Constitución Española, como si hubiera caído del caballo de Abascal y visto en el horizonte una reveladora luz; a un Casado que no acaba de despuntar, mientras el inquieto Rivera lanza al vuelo las campanas que ya no suenan en la catedral de Notre Dame.

Vamos a ver en tan solo tres días ‘Por quien doblan las campanas’, título de la novela de Ernest Hemingway sobre la Guerra Civil Española, que el autor de Fiesta rescató del poema de John Donne que concluye así: ‘nunca hagas preguntar/ por quien doblan las campanas:/ doblan, por ti’

Otro de los más grandes autores del siglo XX, que también adoraba España como Hemingway, Orson Welles dirigió e interpretó al formidable Falstaff de Shakespeare en el film de Campanadas a medianoche.

Como las que van a sonar en España al término de la jornada electoral del 28-A. Las que repicarán ‘mientras la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores’; y las que doblarán por las huestes derrotadas que en su caso podrán entonar el hermoso soneto de Antonio Gala sobre Granada donde el poeta cordobés decía: ‘Donde pudo perderse tanto ruido, / tanto amor, tanto encanto, tanta risa,/ tanta campana como se ha perdido’.

En todo esto de las elecciones hay dos misterios por resolver: el primero es el del resultado de las elecciones andaluzas donde fracasaron las encuestas en el territorio PSOE; y el segundo es el relativo a Vox a quien algunos ven como a la ballena Moby Dick nadando bajo el agua y la quilla del ballenero Pequod del PP.

El buque donde el capitán Aznar (Acab), con su pata de palo y su cara de indignación, pasea por la cubierta del barco al anochecer advirtiendo a sus marineros que a él Abascal no le aguanta la mirada si insiste en repetir eso de ‘la derechita cobarde’. Porque Aznar, el padrino de Casado (y de Rato, Zaplana y Matas) es mucho Aznar y por ello presume que los que han sido adversarios del PP en los debates no le habían durado ‘ni cinco minutos’.

Aznar, que fue franquista, no votó la Constitución, ni hizo la mili (lo que compensó con las guerras de Irák y Peregil), probablemente recordará que en tiempos de Franco -cuya momia sigue en la Basílica de ‘El Valle de los Caídos’- y durante un viaje de su Caudillo a un pueblo castellano, que a lo mejor fue Quintanilla de Onésimo, la Agencia Oficial de noticias escribió: ‘al llegar el Generalísimo a la localidad doblaron las campanas de la iglesia’.

Al distribuirse la noticia en los diarios alguien se dio cuenta del error y dijo ‘querrá decir que repicaron las campanas’, pero nadie en aquel entonces se atrevió a la rectificación. Y el periodista Jaime Campmany lo aprovechó y escribió: ‘el doblar de las campanas que siempre fue toque serio puede serlo de alegría si lo manda el ministerio’.

O sea, campana sobre campana y en recuerdo de Carlos Cano una cita, algo retocada de unas sevillanas del Siglo XIX que viene a cuento y dice así: ‘quien lo diría,/ quien lo diría,/ que un Rey/ manda en España/, quien lo diría, /mientras en el PP manda,/ José María’.