Identidad borrada

El pleno de la Conferencia Episcopal, con el obispo de Alcalá de Henares José Antonio Reig Plá sentado en primera, fila debería asistir en un cine de Madrid a la proyección de la película del director Joel Edgerton ‘Identidad borrada’ basada en una historia real ocurrida en EE.UU.

Un relato donde una especie de secta religiosa intenta ‘curar’ con terapias físicas y psíquicas la homosexualidad de un joven de 18 años que acaba huyendo de la encerrona y denunciando la agresión.

La película, que cuenta con la actuación estelar de Nicole Kidman y Russell Crowe y el joven Troye Silvan, es un alegato contra estas prácticas infames como las que ha puesto en marcha en España el ‘pecafor’ obispo de Alcalá de Henares con el apoyo de la Conferencia Episcopal que habla sin decoro y sin caridad cristiana al tiempo que presumen de pretendida y escabrosa ‘sanación espiritual’ de los homosexuales.

Cuando quienes están enfermos de obsesión sexual son los propios obispos  y dirigentes eclesiásticos. Los que además son responsables directos de ocultar los miles o millones casos de pederastia, contra niños inocentes, que han sido practicados por miles de sacerdotes católicos e incluso obispos de una Iglesia cada vez más alejada de sus feligreses y la realidad.

Iglesia Católica que en España recibe importantes ayudas económicas del Estado y desde donde se lanzan proclamas políticas contra el aborto, la eutanasia, los contraconceptivos y la homosexualidad y demás colectivos de LGTBI, entrometiéndose en los territorios del Cesar y abandonando las enseñanzas de su Dios. Lo que debería obligar a una revisión de todos los acuerdos del Vaticano con el Estado español.

Y en el caso que nos ocupa a investigar al obispo de Alcalá de Henares por sus prácticas ilegales y repugnantes que parecen nuevos exorcismos contra la homosexualidad, como si del mismísimo demonio se tratara. El propio Papa Francisco decía hace pocos días a Évole de manera lamentable que las familias con hijos homosexuales deberían recurrir a un psicológico.

Cuando lo que deberían hacer el Papa y el Vaticano y la Iglesia Católica -donde habitan muchos gays y lesbianas-, es abolir el celibato, permitir que las mujeres accedan al sacerdocio y a la curia Romana, y abandonar de una vez por todas su enfermiza obsesión con el sexo.

De lo contrario la Iglesia Católica se irá reduciendo y alejando del conjunto de la sociedad y del verdadero mensaje cristiano que dejaron de predicar.