Gil Calvo desvaría

En un artículo publicado en El País el reconocido analista Enrique Gil Calvo pronostica con acierto una situación de bloqueo político e institucional tras las elecciones del 28-A. Pero asombra su simplista e injusta conclusión en la que presenta una disyuntiva entre diálogo y bloqueo y una mal intencionada distinción entre la izquierda, a la que ensalza como ‘progresista, igualitaria e inclusiva’, y la derecha a la que descalifica como ‘involucionista, reaccionaria y excluyente’.

Es decir los buenos y los malos. Y todo ello acompasado de la política del ‘diálogo’ con el soberanismo catalán que Quim Torra ha vuelto a dinamitar poniéndose fuera de la Ley al desobedecer el mandato de la Junta Electoral Central. Lo que deja en evidencia el encuentro reciente de Sánchez y Torra en Pedralbes, del que no salió nada positivo y sí un extraño ‘relator’.

Que Gil Calvo descalifique duramente a Vox nos parece lógico y acertado, pero que extienda sus descalificaciones a PP y Cs está fuera de lugar. Sobre todo después de presentar su ‘bloque’ de la izquierda como el paradigma de la democracia y el progresismo, lo que no es verdad.

Entre otras cosas porque su admirado (o silenciado) Pablo Iglesias no es un demócrata sino un político que niega la democracia y el Estado de Derecho cuando afirma que en España ‘hay presos y exiliados políticos’.

A lo que conviene añadir que Iglesias desprecia la Transición, la Constitución de 1978 y la Unión Europea. Y Podemos apoya a Maduro en Venezuela a la vez que solicita un referéndum -ilegal- de autodeterminación en Cataluña (y para cualquier otra autonomía), además de haber pregonado en público que hay que controlar desde el Gobierno a jueces y medios de comunicación.

Todo ello después de practicar Iglesias en Podemos un autocrático modelo de ‘centralismo democrático’ y ‘en pareja’ más propio de los tiempos de los Ceaucescu rumanos, o de los actuales Ortega de Nicaragua.

Y ¿está es la izquierda progresista, democrática, igualitaria e inclusiva que defiende Gil Calvo?

Es cierto que las elecciones del 28-A se presentan como un plebiscito sobre Sánchez sí o Sánchez no. Pero es lo que Pedro Sánchez se ha buscado al abandonar el bloque constitucional, como reconocen destacados dirigentes de su propio partido, algunos de los cuales Sánchez ha depurado.

Y no es verdad que la disyuntiva está entre el diálogo y el bloqueo, sino más bien entre legalidad e ilegalidad. Y si se desborda o relativiza el ámbito legal y constitucional como hizo Sánchez con Torra para alcanzar el poder y luego se intenta renovarlo hasta junio de 2020 ofreciendo intermediarios entre el Gobierno de España y la Generalitat, entonces lo que se perjudica es la vida democrática y la convivencia en libertad. La que en Cataluña está ahora bajo mínimos.

Porque sin Estado de Derecho, ni orden Constitucional, ni plena Libertad lo demás, y ahí incluido el falso ‘diálogo’ del que tanto habla Gil Calvo, no tiene sentido porque sin ley no hay Democracia y eso es lo importante y esencial.