Sánchez se ofrece a Cs y Arrimadas dice no

A medida que se aproxima lenta y de confusa manera el periodo oficial de la campaña electoral para los comicios generales del 28-A crece la inquietud en los cuarteles generales del PP y Cs ante el rumor -ya lanzado ayer por el diario Público– de que el partido de Pablo Casado no supera los 90 escaños y el de Albert Rivera no llega a los 60. Mientras Vox ronda los 20, el PSOE los 110 y Podemos los 50.

De lo que se desprende que el trío del centro derecha, de PP, Cs y Vox, no podría gobernar y que Sánchez, después de que Arrimadas confirmara su ‘no es no a Sánchez y al PSOE’, no tendrá más opciones para repetir en La Moncloa que reeditar sus pactos con Podemos y el soberanismo catalán.

Lo que le obligará a Sánchez a ofrecer una vicepresidencia a Pablo Iglesias e indultos a aquellos procesados del golpe catalán que resulten condenados en el Tribunal Supremo. Es decir el regreso del Gobierno Frankenstein.

No obstante, todavía es demasiado pronto, y aún queda mucho tiempo por delante y los debates electorales para que las encuestas consigan detectar la verdadera opinión de los votantes entre los que hay muchos indecisos.

Por lo que se puede decir eso que ‘el pescado no está del todo vendido’. Y buena prueba de ello y de lo que ocurre radica en la clara desesperación que embarga a Sánchez cuando se queja del público veto que le impone Cs, y que le ha recordado Arrimadas.

Diciendo Sánchez que el extenderá su mano a todos los partidos, porque teme el riesgo y las dificultades que encierra para el PSOE el tener que regresar con Iglesias y con Torra al Gobierno Frankenstein.

Y mucho cuidado con la entrada en campaña de la cuestión económica porque está cuestión que empieza a preocupar a la OCDE y BCE puede encender las alarmas de los votantes de las clases medias y provocar un alejamiento del PSOE y de Vox en beneficio de Cs y PP. Porque saben los votantes que si hay amenaza de recesión o desaceleración de la economía quienes mejor pueden gestionar esta crisis son Cs y PP.