Sánchez le impuso a Azaña la bandera de Franco

Ha sido el prestigioso catedrático de Derecho Penal Enrique Gimbernat quien, en una carta dirigida al Director del diario El Mundo, denunció con acierto la impostura del presidente del Gobierno Pedro Sánchez al colocar, sobre las tumbas de Manuel Azaña (en el 80 aniversario de su muerte), y de Antonio Machado, sendas coronas de flores y de banderas con los colores de la fue bandera del general Franco, en vez de utilizar para esta ceremonia en las coronas flores los tres colores rojo, gualda y morado y las banderas republicanas.

Ahora sólo le falta a Sánchez, en su ciega cabalgada electoral, adornar la pretendida exhumación de la momia de Franco (si es que lo consigue) con un cortejo de banderas republicanas, para completar su electoralista afición a remover las tumbas de la Guerra Civil, con el solo objetivo de disfrazarse de izquierdas en esta enloquecida campaña electoral.

El espíritu de Azaña se habrá removido indignado en su tumba por causa de esta lamentable actuación electoral de Sánchez que ha vejado por error a la II República a cambio de una foto electoral. Lo que por otra parte demuestra la insoportable levedad de este personaje.

Un Sánchez al que puede que pronto veamos agitando en Barcelona las banderas esteladas del separatismo catalán, si vuelve a necesitar los votos de Torra para mantenerse en la Moncloa después de los comicios del 28-A.

De momento, ya le ha enviado al catalán en bandeja de plata la cabeza del ministro Josep Borrell, como exigían los separatistas, al que ha desterrado (por celos políticos) al cartel de las elecciones al Parlamento Europeo.

Un ‘exilio’ que imaginamos que habrá aceptado a Borrell como una puerta de escape del sanchismo, antes de verse abrasado en medio del cúmulo de disparates del presidente que podrían acabar empañando su compromiso firme, democrático y constitucional.

Y quede claro que ya sabemos que la bandera roja y gualda es hoy la bandera de España y de todos los españoles. Y, también, la enseña bajo la que se construyó la reconciliación nacional de la Transición. Pero esta bandera no era la de Azaña ni la de Machado y por lo tanto Sánchez se equivocó y en la práctica profanó la memoria histórica de ambos con su oportunista gesto electoral, en el solo servicio de su ambición personal.